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"Nunca nos tentaron las cosas fáciles", aseguró el líder de Carajo, Marcelo Corvalán

Corvata charló con Escenario sobre su relación conel metal argentino. El grupo hoy llegará a Rosario para presentar su nueva criatura, a las 22, en Willie Dixon, Suipacha y Güemes.

Sábado 14 de Diciembre de 2013

Cuando Carajo apareció en la escena del rock nacional al grito de “Sacate la mierda”, y se transformó en la banda revelación del 2002, era difícil poder ver un poco más allá. El país estaba atravesando su peor crisis económica, y en esa permanente inestabilidad a nadie se le ocurría hablar de futuro. Sin embargo, el trío de Marcelo “Corvata” Corvalán, Andrés Vilanova y Hernán “Tery” Langer se hizo fuerte en ese contexto hostil, y así sentó las bases de una carrera que hoy, cuatro discos después, encuentra su pico en “Frente a frente”, su álbum más ambicioso. Con este CD doble que incluye un arte de tapa lujoso, Carajo supera los límites del rock pesado, encontrando una madurez musical que nunca reniega de la potencia. El grupo hoy llegará a Rosario para presentar su nueva criatura, a las 22, en Willie Dixon, Suipacha y Güemes. Antes de subir a escena con su voz filosa, Corvata Corvalán charló con Escenario sobre su relación con el metal argentino y cómo se vive el rock a los 42 años.

   —¿Cómo se gestó “Frente a frente”? ¿Por qué decidieron que debía ser doble?

   —Este disco fue creciendo desde que lo empezamos a componer, pero al principio no sabíamos que iba a ser doble. Teníamos muchas canciones, y separamos 16 pensando que iban a quedar unas 11. Al final decidimos trabajar las 16 canciones con nuestro productor Ale Vázquez y empezamos a sentir que todos los temas estaban buenos, que cada uno aportaba algo distinto. Ahí surgió la idea de separar las canciones en dos grandes grupos, como para que el oyente pueda tener dos momentos bien marcados de la banda: el disco uno tiene ocho canciones bien heavies, donde el grupo muestra una faceta bien marcada en cuanto al estilo y al mensaje, con letras fuertes, directas y sociales. El disco dos contiene toda la parte más melódica, más alternativa, con un mensaje más introspectivo, personal y desde el sentimiento. Por eso el disco se llama “Frente a frente”, porque están bien claras las dos propuestas dentro de un mismo álbum y pueden ser disfrutadas por separado.

   —¿Qué diferencia a este disco de trabajos anteriores, más allá del formato?

   —Siempre que hacemos un disco aparece algo nuevo, tanto en el sonido como en la composición. La gente se sorprende disco a disco porque no repetimos una fórmula ni estamos obsesionados con una misma idea. Cada disco nuestro tiene un concepto, desde el nombre hasta el mensaje de las letras. Después todos los discos tienen en común la esencia de la banda, somos un power trío que tiene una personalidad, hay sonidos que se repiten y que nos caracterizan. Algunos hasta hablan de un sonido “carajero”.

   —En el álbum hay varios temas con orquestación. ¿Esta vez buscaron remarcar ese recurso?

   —Sí. Es algo que venimos haciendo desde nuestro tercer disco, “Inmundo”. Nos gusta cómo contrasta el sonido de las cuerdas con la energía y la electricidad de las guitarras. Disco a disco eso cobró más protagonismo, y en “Frente a frente” ocupa un lugar muy importante. Ahora esos arreglos ya son parte de la canción, no son un simple acompañamiento. Esta vez volvimos a trabajar con el director Alejandro Terán, que recluta a los músicos y arma la orquestación. Nos sentimos muy cómodos con Alejandro, porque él ya sabe cómo nos gusta que suenen las cuerdas.

   —¿Hay nuevas influencias en el disco, bandas o solistas que te hayan marcado en los últimos años?

   —No sé si actuaron exactamente como influencias. De este último tiempo me gustó mucho Muse, pero en general escuchamos a bandas más clásicas como Korn o Deftones. También nos sigue gustando Pantera. Hoy en día no hay tantas revelaciones. No hay cosas nuevas que uno pueda decir “guau, esto nunca lo escuché”. O al menos yo no las descubrí. Hasta fines de los 90 y principios de los 2000 había bandas más originales o que aportaban algo nuevo, pero me parece que en esta última década hubo como un impasse.

   —La revista “Rolling Stone” hizo un comentario elogioso de “Frente a frente”. Y también dice que en tus letras te expresás como un adolescente, entre la esperanza mística y el odio total. ¿Vos coincidís con esta observación?

   —No coincido con las opiniones de la “Rolling Stone”. Nunca me sentí representado por los reportajes que nos hicieron. Creo que esa mezcla que se menciona del odio y la esperanza la tiene todo ser humano adentro. En todo momento hay situaciones que nos generan rechazo y bronca, y todo el tiempo nos manejamos con la esperanza, porque de lo contrario nos encerraríamos en nuestra casa y no haríamos más nada. Cualquier persona que tiene un sueño, o que tiene una familia y quiere sacarla adelante, sin dudas se maneja con la esperanza. Y ese es el mensaje que siempre ha dado Carajo. Cuando uno escucha la letra de “Sacate la mierda” parece que está todo mal. Pero para nosotros sacarse la mierda significa limpiarse, no quedarse con la pudrición adentro, y eso tiene un mensaje de esperanza, de recobrar la fe, al menos en la intención. Con respecto a lo de adolescente lo único que puedo decir es que yo me siento joven, pero ya cumplí 42 años y estoy lejos de ser un adolescente. Tengo dos hijas y una familia hermosa. Mi hija más grande tiene 12 años y cantó en el disco, hizo coros en el tema “Promesas”, y subió a cantar en la última presentación que hicimos en el Teatro de Flores. Esas cosas me hacen sentir joven, me hacen sentir vivo.

   —Ustedes promocionaron el álbum firmando autógrafos para los fans en distintas ciudades. ¿Estas son estrategias para combatir la piratería?

   —No es la intención primordial, pero creo que estas cosas ayudan un montón a que los chicos tengan la necesidad de querer comprar el original, sabiendo que nos van a poder saludar y van a poder hablar un poco con nosotros. Pero más que nada es una manera de tener un contacto con nuestro público, y siempre lo hemos hecho, desde que salió nuestro segundo disco. El contacto con el público también nos sirve a nosotros como una especie de termómetro para ver lo que sienten, lo que piensan y cómo reciben las cosas que hacemos.

   —En agosto tocaron en el festival Vorterix Metal Para Todos junto a Rata Blanca y otros grupos. ¿Cuál es la relación de ustedes con la escena del metal argentino? ¿Se sienten identificados con esa escena?

   —Con el tiempo la gente nos empezó a considerar como una banda heavy, a pesar de que nosotros no somos una banda pura, ortodoxa del género. Nacimos como un grupo dentro del nü metal o del metal más alternativo, y después fuimos incorporando un montón de estilos como el punk rock, el rap metal y también empezamos a hacer algunas baladas, canciones más tranquilas. Igualmente nos sentimos muy queridos y respetados por la escena heavy metal, y tenemos un repertorio de canciones pesadas como para poder formar parte de esos festivales. No sé, es un poco difícil responder a esa pregunta. Lo que sí sé es que somos tres fanáticos oyentes de heavy metal. Eso no ha cambiado.

   —Los grupos históricos del heavy nacional como V8 y Riff. ¿Fueron una influencia para vos?

   —Sí, fueron una influencia en los comienzos, cuando descubrí la música y empecé a tocar el bajo. Me gustaban el hardcore, el punk rock, el skate rock y de ahí seguí escuchando heavy metal. Al principio me gustaban AC/DC, Iron Maiden, Zeppelin y Purple. Después empecé a conocer a Metallica, Anthrax y Motorhead. Y de ahí salté a las bandas nacionales y otras que cantaban en español, como Barón Rojo y Los Angeles del Infierno. Ellos me impulsaron a hacer heavy metal en castellano y a escribir mis primeras letras.

   —¿Qué opinás de Ricardo Iorio? Vos parecés ser la antítesis como figura rockera...

   —Sí, somos muy diferentes, pero creo que los dos tenemos la misma pasión por la música y buscamos ser honestos con lo que hacemos. Eso también tiene que ver con la libertad que nos da el heavy metal para que cada uno se muestre como es y no tenga vergüenza. Yo no lo conozco a él, solamente nos cruzamos un par de veces. Tal vez, si tenemos la oportunidad de charlar, podamos ver si en realidad somos tan diferentes como parecemos.

   —¿Qué creés que aportó Carajo en más de diez años de trayectoria al rock argentino?

   —Ojalá hayamos aportado algo (risas). Tal vez aportamos las ganas de querer hacer algo original. Nunca nos tentaron las cosas fáciles, ni copiar fórmulas que en el pasado resultaron exitosas. Carajo siempre buscó su propio sonido, su manera de decir las cosas, sin caer en lo que ya hicieron otras bandas, aunque nos hayan servido como influencia. No sé si eso es lo que ve la gente, o lo que recibe, pero es lo que a nosotros nos pasa cuando nos concentramos en la sala de ensayo a hacer canciones. Tanto en los discos como en los videos y los artes de tapa siempre buscamos hacer algo original, creativo. También buscamos que lo primero sea el arte. No importa cómo nos vestimos, ni cuántos tatuajes tenemos ni la vida personal de cada uno. Sólo nos interesa la parte artística.

   —Vos tenés 42 años, y empezaste tu carrera hace 20 con ANIMAL. ¿Ha cambiado tu visión del rock en todo este tiempo?

   —No, lo que cambia son las circunstancias y el mundo. Cuando yo empecé hacía los volantes en mi casa, a mano, les sacaba fotocopias y después los repartíamos a la entrada de los recitales. Hoy uno publica las fechas en el Facebook y todo el mundo se entera. Esas cosas externas son las que cambian, pero como músico, si te gusta el rock, lo seguís viviendo de la misma manera. Eso es lo bueno de estar en una banda. Si uno se apaga, si te empieza a dar fiaca hacer ciertas cosas, uno va perdiendo ese amor por el rock, y el rock, en definitiva, es una aventura. Eso sí, a los 42 años por ahí uno tiene ganas de viajar en un micro más cómodo o dormir bien si tenés que tocar cuatro días seguidos. Cuando uno es más joven ese tipo de cosas no te afectan.

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