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Nunca bajaron de la montaña y ahora conocerán el gran río

Son doce chicos del Champaquí, tienen entre 5 y 14 años y concurren a la escuela rural del cerro cordobés. Por primera vez conocerán Rosario, Pérez, San Lorenzo y las islas.

Domingo 21 de Abril de 2013

"Pegar un viaje así es muy mágico para ellos..." La frase puede dar la idea de París, el Caribe o la India. Un viaje mágico. Para este grupo de amigos que viven en la zona del cerro Champaquí, en Córdoba, lo será. Quizás porque hubo alguien como Miguel Pietrafesa, un ciudadano común que vive en Pérez con una particular sensibilidad, a quien se le ocurrió la loca idea de sacarlos de su contexto y traerlos a conocer Pérez y Rosario. Porque sí, por gaucho... La concreción de esa fantasía será a partir del próximo viernes, cuando 12 chicos de entre 5 y 14 años que concurren a la escuela Florentino Ameghino, ubicada en la base del cerro, toquen por primera vez suelo rosarino. Para muchos será la primera vez en todo.

"Para nosotros esto es muy especial. Creo que una sola de las nenas ha salido alguna vez del lugar. El que más conoce Córdoba es tal vez porque viajó por una emergencia. Uno de los chicos me decía que uno de sus sueños era viajar en un colectivo de dos pisos. Imaginate...". El que a la distancia pronuncia estas palabras es el director de la escuela, Alejandro Rosenbaum, quien hace tres años llegó de la manera menos pensada a esos perdidos parajes montañosos. Con mucha emoción, este joven docente le cuenta a LaCapital cómo están viviendo los momentos previos al viaje.

"Los chicos están enloquecidos. Estuvimos viendo un documental sobre algunos ríos y yo les comenté que cuando vayamos a Rosario van a ver uno que incluso es más grande que el que veían. Y algunos no me creían. Estos chicos son todos amigos, viven en la zona y no han salido mucho. Forman parte de familias que se dedican a vender cosas a los turistas o a criar animales y ellos crecieron en ese ambiente", explica Rosenbaum.

La escuela es sólo primaria, pero por sus características rurales también recibe a chicos de jardín de infantes. "Tenemos una nena de cuatro años y a un nene de cinco. Y como la mayoría de las familias no tiene medios para mandar a sus hijos a la ciudad o no están dispuestos a separarse de ellos, este año tuvimos el orgullo de que tres chicas terminaran el primer año del secundario a distancia con excelentes notas", detalla.

De la gran urbe al cerro. Alejandro nació en Buenos Aires, donde vivió hasta los 22 años. Estudió magisterio y ejerció dos años en sus pagos. Después, la vida lo llevó por distintos caminos hasta que se instaló en Córdoba. Un día lo llamaron para ofrecerle el puesto de maestro en la Florentino Ameghino. "Había como 30 antes que yo, y medio que no me gustó, por respeto a los que estaban delante mío en el escalafón. Pero cuando me dijeron que me quedara tranquilo, que cuando le ofrecieran el cargo en la montaña a los otros, todos iban a decir que no. Y así fue. Eso me asustó un poco...", recuerda este docente de 32 años.

A la escuela la hizo la gente del lugar hace más de 50 años. "Por eso tiene una energía muy especial. Yo le doy clases a la nieta del hombre que la construyó y todos los padres de mis alumnos estudiaron ahí. Es la única institución que hay, no hay hospital, bomberos ni nada. Es una zona gris, estamos cerca de Yacanto, de La Cumbrecita, pero no dependemos de nadie. Somos como una zona neutral", se ríe.

Para acceder al paraje La Nena, donde está ubicada la escuela, los chicos deben recorrer varias horas en mula. "Para tener una idea, de acá tenés unas tres horas a caballo para encontrar un camino y de ahí tenés hora y media o dos horas hasta el pueblo. Una población

cercana es Los Reartes, que está cerca de Villa General Belgrano. Si considerás pueblo a Villa Alpina, que tiene unos 26 habitantes, desde acá son unas cinco horas. A La Cumbrecita son unas seis o siete horas", señala, al tiempo que cuenta que debido a las bajas temperaturas en invierno, las clases no se dictan durante junio, julio y agosto. “Es una cuatro escuelas de régimen especial, en Córdoba. De hecho, en verano damos clases normalmente, sólo paramos dos semanitas para la época las Fiestas. Es una escuela albergue, estamos 10 días aquí y nos vamos cinco a nuestras casas. Aquí no hay feriados, ni sábados ni domingos. Me ha tocado dar clases un día de Reyes o un domingo de Pascuas. Se pierde la noción del tiempo aquí”, narra a la distancia.

   Entre tantos datos de la escuela retoma la idea de lo próximo que está el viaje y cuenta que al mentor de esta idea, el Pelado Miguel, de Pérez —como a él le gusta llamarse—, lo conoce sólo por haber hablado por teléfono. “Pero lo hicimos como 400 veces para coordinar. Le vamos a estar eternamente agradecidos. Es como si lo conociera de toda la vida”, vuelve a emocionarse Alejandro.
  
Un cambio fuerte. Los chicos están “como locos”, y para Alejandro habrá que estar muy atentos porque el cambio será muy fuerte. “Cuando les dí la noticia estaban alucinados. Tuvimos que empezar a pensar cómo pagarnos los pasajes. Empezamos a hacer artesanías y los changuitos las vendían a los turistas que cada tanto nos visitan en la escuela. Organizamos rifas con lo que donaron algunas familias, como cabritos o lechones”, recuerda.

   Los chicos tendrán una nutrida agenda en Rosario, Pérez, San Lorenzo y las islas. Visitarán lugares insospechados y compartirán experiencias. Conocerán otros olores, otros ruidos y colores nuevos. Serán días inolvidables, un aprendizaje con todos los sentidos y con el alma.

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