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Nueve presos y dos policías a juicio por escandalosa fuga de la alcaidía

Los reclusos se fueron en un vehículo que les traía la comida. Robaron armas e hirieron a un agente.  Los dos custodios incumplieron sus deberes. La evasión fue protagonizada por 17 internos en 2010.

Sábado 01 de Septiembre de 2012

La Cámara Penal confirmó los procesamientos por la escandalosa fuga de 17 presos de la Alcaidía Mayor de Jefatura la tarde del sábado 28 de febrero de 2010. Por esta causa el juez de Instrucción Hernán Postma había procesado a nueve de los prófugos por evasión, robo calificado, robo, resistencia a la autoridad y lesiones. Y a dos efectivos policiales por favorecimiento doloso de evasión. Los procesamientos quedaron firmes y camino a juicio.

Entre los procesados resaltan los nombres de Oscar Gregorio Caminos, primo hermano del Pimpi, quien fuera líder de la barra brava de Newell's Old Boys durante la gestión de Eduardo J. López; César Zoni, principal sospechoso de haber asesinado a una beba de ocho meses en una balacera en el Fonavi de Parque Oeste en octubre de 2009; y Víctor Raúl Nañez, acusado de asesinar al albañil Orlando Benito Luna el 8 de noviembre de 2009 (ver aparte).

La Sala III de la Cámara de Apelaciones —integrada por Otto Crippa García, Rubén Jukic y Carina Lurati— confirmó lo resuelto por el juez Postma en dos dictámenes. En una de las resoluciones el camarista Cripa García, dejó claro que el dictamen enfocaría por un lado la apelación de las personas que estaban detenidas y por otro las del personal policial procesado cumpliendo funciones en alcaidía.

La fuga. La evasión se desató el domingo 28 de febrero de 2010, cuando en el Coloso del Parque jugaban Ñuls y Banfield, en dos pabellones de la Alcaidía Mayor, ubicada detrás de la Jefatura de policía en Francia al 5200. A las 19, los presos aprovecharon la llegada de un policía de Economato con las raciones de comida que ingresó al sector con un arma. Fue embestido por varios reclusos que lo desarmaron y que lo tomaron como escudo para avanzar hasta la guardia, donde robaron dos escopetas con postas de goma. Tras un tiroteo por los pasillos (en el que un agente resultó herido en la cara y el cuerpo con perdigonadas) llegaron a la puerta, se amontonaron en la camioneta de Economato y no encontraron más escollos para ganar la calle porque el portón estaba abierto. Los vecinos observaron anonadados como salieron a toda velocidad, agitando una camiseta o una bandera de la lepra.

Tras la fuga comenzaron tres horas de tensión en la que 22 presos del pabellón 3, que no pudieron escapar, mantuvieron de rehén al agente de Economato en reclamo de que no haya represalias. Lo soltaron ileso tras una negociación con las autoridades policiales y la Coordinadora de Trabajo Carcelario. De los evadidos, siete fueron recapturados en cercanías. En principio siete policías fueron investigados por el supuesto facilitamiento de la fuga.

Tiempo después. Varios de los encausados fueron recapturados varios meses más tarde. A Oscar Gregorio Caminos lo apresaron un año y dos meses después de la fuga. La Sala III emitió dos resoluciones. Una en la que se trataron las apelaciones de Caminos y de Sergio Damián Vallejos. Y otra en la que se analizan los planteos de los internos Carlos Miguel Fernández; Juan Leonardo Fernández; Diego Aníbal Fernández; Víctor Raúl Nañez; Norberto Cayetano Rodríguez, César Nicolás Zoni; Eduardo Aníbal Mántaras. Y de los policías Diego David Cáceres, guardia de la alcaidía, y Bernardo Leiva, quien conducía la camioneta de Economato.

El origen del motín. En el desglose de los hechos están expuestos los ribetes escandalosos de la evasión. Todo comenzó cuando llegó a la zona de los pabellones la camioneta con las raciones de comida.

En ese momento, de acuerdo a la resolución, el policía Cáceres estaba de guardia. Un interno estaba fuera del pabellón lavando su ropa y otros dos fueron sacados para recibir el alimento. Las puertas del pabellón quedaron abiertas.

El interno que lavaba ropa se abalanzó sobre Cáceres y lo retuvo. El policía Leiva, quien había llegado hasta ese sitio portando su arma (algo que no está permitido), fue reducido por los otros internos. Con los policías retenidos, los amotinados tomaron escopetas de la guardia, cargadas con posta de goma, y se enfrentaron a varios policías. Luego subieron a la camioneta y se fueron.

La resolución no determina quién lideró la fuga. Los jueces resaltan "la privación de la libertad de los policías Leiva y Cáceres" y agrega que "debe recordarse que en la evasión, la violencia o fuerza es punible para el que la realiza o ejerce, pero también del que se vale de las usadas por un partícipe".

Con respecto a los policías enumera una serie de torpezas y le recrimina a Cáceres que fuera reducido por un interno que estaba fuera del pabellón y que lavaba ropa. Señala que Leiva "no cumplió con la orden esencial de no ingresar con un arma" a un lugar donde eso está prohibido.

Fallas graves

El juez Otto Crippa hizo propio el planteo de uno de los abogados defensores en relación a “la gravedad de las falencias en la infraestructura de control y vigilancia necesarias y mínimas para la alcaldía”. Estas quedan expuestas para Crippa en la falta de personal de las garitas, el mal estado sanitario, la falta de teléfonos u otros medios de comunicación en los pabellones y contenedores. También en la ausencia de personal para atender a los pabellones, dado el número de detenidos en ellos. El magistrado entiende que más allá del hecho juzgado estas falencias graves en este presidio implican “falta de eficiencia, desorden funcional y consecuente riesgo en la tarea”. Y reitera que, salvo en los primeros momentos iniciales de una investigación, “no es tarea de la policía la de cuidar presos”.

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