Nuestros "nazionalistas"
Sabía de la existencia de los nazionalistas argentinos –siempre también militaristas– y así lo manifesté recientemente. Lo que ignoraba, y resulta asaz preocupante y peligroso, es que fueran tan abundantes.

Martes 16 de Febrero de 2010

Sabía de la existencia de los nazionalistas argentinos –siempre también militaristas– y así lo manifesté recientemente. Lo que ignoraba, y resulta asaz preocupante y peligroso, es que fueran tan abundantes. Los eternos nostálgicos del servicio militar obligatorio y de los numerosos golpes militares que interrumpieron nuestro proceso democrático a partir de 1930. Su eterno y característico argumento a favor de los gobiernos de fuerza (de Fuerzas Armadas) es la seguridad. La seguridad de ser torturado y desaparecido al menor signo de manifestar ideas propias. Eso sí, también con la seguridad de gozar de asistencia espiritual de ciertos sacerdotes, tipo von Wernich, en el momento de ser asesinado. Otra característica es la manifestación de un odio enfermizo en contra de la educación y sobre todo de la cultura. A quienes gozamos de un cierto nivel educativo y cultural resulta difícil lavarle el cerebro, que es el objetivo final de la así llamada disciplina militar. Una forma de detectar a estos "nazionalistas" vernáculos es observar que carecen de argumentos y se dedican a insultar y descalificar al oponente. Algo también característico en ellos es que esa total falta de argumentos la reemplazan con un curioso sistema de expresión de deseos. "Si la Guerra de Malvinas hubiera durado un día más, la hubiéramos ganado". "Si Hitler no hubiera tenido un caprichito y a Goering no le hubiera dolido la pancita (y la tenía de un tamaño tal como para albergar en ella los más variados dolores), el ejército alemán hubiera ocupado las Islas Británicas". Este tipo de pseudoargumentación me recuerda a aquel que decía: "Si mi tío tuviera tetas no sería mi tío, sería mi tía". O el cazador que se quejaba: "Si mi perro no se hubiera detenido a hacer sus necesidades hubiera cazado la liebre". Esos "si" carecen totalmente de valor argumental. Lo repito por enésima vez: las cosas en esta vida se miden y valoran por sus resultados. Se trate de una bomba atómica o de una cañita voladora. Las guerras no se ganan con especulaciones dialécticas. Lo único importante y definitorio es el "resultado práctico final" o "la efectividad conducente". Lo demás es un puro bla-bla-bla.

Cristián Hernández Larguía