Miércoles 02 de Diciembre de 2009
En la carta "Nuestro talón de Aquiles", del pasado 25 de noviembre, la autora considera positivamente el tema de la educación y expresa, muy acertadamente, que "los niños y adolescentes son permeables al ejemplo". Por supuesto que esta afirmación nos conduce a formular una evaluación del carácter y la conducta que con frecuencia son censurables en algunos adultos, por cuanto resultan un ejemplo negativo. Al respecto, hay que ser optimista y aceptar que los seres humanos somos susceptibles de ir mejorando lentamente con relación al manejo de nuestro cuerpo, mente y corazón, tal como se está logrando exteriormente en el campo de la técnica. Ultimamente, se dedicaron a la cuestión el rosacruz Max Heindel y el educador J. Krishnamurti, fundador de escuelas en India, Europa y EEUU. Estos hacían hincapié en que al ser humano le resulta posible cambiar la forma de ser erradicando su violencia, sensualismo, egolatría, vanidad y otros defectos que tanto afean personalmente como también perjudican a sus semejantes. Para ello, cada cual debe proponerse ver cómo funcionan tales anormalidades en su mundo interior mediante la auto-observación con miras a su superación. Así se inicia un proceso que tarde o temprano ha de ser llevado a cabo por todos los seres humanos cumpliéndose de esa manera la razón de la existencia. Eso trae implícito actuar con inteligencia y sensibilidad lo que capacita para vivir con cordura y afecto resultando un valedero ejemplo para niños y adolescentes. Para lograr este ideal es ineludible tener en cuenta el antiguo mandato pleno de sabiduría que decía "conócete a ti mismo", que es el punto de partida de un camino sin fin.
Pedro S. Tavacca, tavacca.pedro@gmail,.com