Nuestra Justicia
Luego del papelón del tratamiento de la ley de medios por parte de nuestra Suprema Corte, y la postergación conseguida por el grupo Clarín, tenía que colmarse el asombro y la indignación con el reciente fallo de los jueces en Tucumán absolviendo a los trece imputados del secuestro y desaparición de Marita Verón.  

Miércoles 19 de Diciembre de 2012

Luego del papelón del tratamiento de la ley de medios por parte de nuestra Suprema Corte, y la postergación conseguida por el grupo Clarín, tenía que colmarse el asombro y la indignación con el reciente fallo de los jueces en Tucumán absolviendo a los trece imputados del secuestro y desaparición de Marita Verón. Todos los trámites lentos y enredados de muchos casos en los estamentos judiciales, la falta de justicia en un sinnúmero de casos resonantes, ha logrado que la incredulidad generalizada desmoralice a nuestra sociedad, haga dudar de las virtudes de la democracia y comprometa el futuro de los jóvenes en la confianza a uno de los principales poderes del Estado. ¿Qué ejemplo reciben los estudiantes de derecho, que toman los libros y nada de lo leído se refleja en esta irrealidad de nuestros tiempos institucionales, y qué pasa con los temas que discuten en las aulas en las que los docentes carecen de ejemplos prácticos para educar con valores morales y éticos de nuestros emergentes de la justicia y el derecho? Este resonante caso de Marita Verón, con una reacción popular bastante controlada y muy por debajo de la indignación que todos sentimos al conocer dicho fallo, marca una bisagra del sistema institucional que habrá que revisar, para que el futuro no nos depare una nueva frustración y la sociedad en su conjunto recupere la confianza en las instituciones que deberían velar por la seguridad, estableciendo las pautas definitivas e inviolables de una auténtica República. El desprestigio que ha alcanzado la justicia pone un peligro más a los conocidos en esta etapa de debilidad de nuestra democracia y nos obliga a un replanteo de nuestras leyes y deberá ser nuestro Parlamento el que se aboque a su tratamiento, dando un ejemplo de madurez cívica y patriotismo que tanto necesitamos. Por otro lado la dirigencia política deberá ponerse los pantalones largos y acometer con capacidad, dedicación, desprendimientos y con una profunda autocrítica corregir las cuestiones que no se han resuelto en estas últimas décadas de libertad consagrada poniendo como objetivo primordial la seguridad, tranquilidad y confianza en el futuro de toda nuestra sociedad.

Angel M. Contestí