Nuestra deuda pública
La historia de la deuda pública argentina comienza cuando la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sanciona el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a “negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o...

Jueves 12 de Junio de 2014

La historia de la deuda pública argentina comienza cuando la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sanciona el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a “negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real”. Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además, debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires (todavía no estaba Aysa). La Junta de Representantes había autorizado la colocación a un tipo mínimo del 70%, pero Rivadavia aceptó constituir un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al tipo de 70%. Este consorcio estaba encabezado por los señores Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson (verdaderos patriotas),  quienes en virtud del poder conferido celebraron el acuerdo en Londres con la firma Baring Brothers & Co. Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartiéndose el 15% de diferencia con el consorcio. El 1º de julio de 1824 se contrató con la Banca Baring el empréstito por 1.000.000 de libras esterlinas. El 15% de diferencia de colocación representó 150.000 libras, de ellas el consorcio en su conjunto se llevó 120.000 libras en carácter de comisión, y los 30.000 restantes fueron para Baring. El Estado de Buenos Aires por su parte “empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras (y el tuje), hipotecándolas al pago exacto y fiel de dicha suma de 1.000.000 de libras esterlinas y su interés”. Como no se había especificado cómo llegaba el dinero a Argentina (por ese entonces el territorio se denominaba Provincias Unidas del Río de la Plata), el consorcio informa a la Casa Baring que la mejor manera era enviando letras giradas contra casas comerciales de prestigio que dieran garantías en Buenos Aires. No por casualidad, una de esas casas comerciales era la de Robertson y Costas, dos miembros del consorcio (siempre los patriotas). Al final, del millón de libras que totalizaba el mismo, sólo llegaron a Buenos Aires unas 560.000, en su mayoría en letras de cambio, espejitos y baratijas y una parte minoritaria en metálico. Finalmente, el dinero del préstamo fue entregado al Banco de Descuento para que lo repartiera como créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese dinero. El empréstito se terminaría de pagar ochenta años más tarde, y eso que no estaban Cristóbal López, Cristina, Boudou y compañía. Creía que los bancos eran entidades de préstamos. Luego nuestro maravilloso Cavallo estatizó la deuda de los popes de la industria en el 82 , ¿o se olvidaron ?
 

Norberto Ivaldi