Domingo 15 de Enero de 2012
Observo que la lectora Silvia Bonamico publica en este diario notas antireligiosas. Las últimas versaron sobre la Navidad. En su anterior pretende cerrar unilateralmente la polémica que ella abrió en su contestación al señor Bressan. No es atinado pretender concluir por sí con un tema que interesa a mucha gente. Constato por sus escritos que es una persona muy leída pero me parece que no procesa debidamente la abultada información que posee a semejanza de las personas que consumen abundantes y variados alimentos pero no los digieren bien. Para desacreditar a la Iglesia alude a las cruzadas y a la pedofilia. Como estudioso de la historia digo que estoy indignado de que desde hace un tiempo denotando supina ignorancia histórica se descalifique a las cruzadas que fueron reacción legítima de la cristiandad ante siglos de agresiones musulmanas o a la culminación de la conquista del desierto por Roca (con lo que se evitó que el sur de la Pampa y la Patagonia fuesen chilenas y se posibilitó la gran inmigración y que la Argentina fuese una potencia agropecuaria) a fuerza de repetir clichés desde hace un tiempo, tornando operable la máxima de Voltaire "miente, miente que algo quedará". Y como abogado y aficionado a la política me resulta muy extraña esta campaña sobre la pedofilia muchos años después de los supuestos hechos que por su naturaleza son muy difíciles de comprobar. En cuanto la realidad histórica de Jesús hay innumerables pruebas indirectas que acreditan su existencia a igual que la de otros líderes religiosos como Buda, Lao Tsé, Confucio o Mahoma que cosa extraña los anticristianos no cuestionan. Es llamativo que se machaque tanto sobre los crímenes de los cristianos (en violación de su religión) pero no respecto a los cometidos por los creyentes de otras religiones. Ninguna religión enseña el mal. Y si la humanidad respetase los diez mandamientos que legó el judaísmo, y las obras de misericordia que enseña el evangelio la tierra sería un paraíso. No es verdad que la religión y la ciencia son contrapuestas. Muchas de las afirmaciones de la Biblia tales como el diluvio han sido corroboradas por estudios arqueológicos. En cuanto los milagros la subsistencia de la Iglesia durante dos mil años en que ha habido tantas crisis y transformaciones ya de por sí es un milagro. Podríamos añadir muchos más científicamente comprobados tales como el santo sudario o los de Lourdes uno de ellos estudiado por el sabio Alexis Carrel. Por último, espero que la señora Bonamico si es coherente con su postura pase las navidades como un día más trabajando e ingiriendo lo habitual de todos los días.
Raúl Miguel Ghione