Domingo 28 de Octubre de 2012
Con un Poder Ejecutivo que a nivel nacional se querella continuamente con el Poder Judicial, con un escándalo internacional quasi patético que compromete no sólo nuestro prestigio como Estado sino también bienes de nuestro patrimonio histórico y cultural, tal es la Fragata Libertad; con disputas por la ley de medios que se parecen más a una controversia veraniega de vedettes que a un conflicto serio, dado el carácter tinelesco que se le da a la contienda; ciudadanos de un país donde los que menos ganan también pagan impuesto a las ganancias, habitantes de una localidad en la que se castiga al pobre aumentándole el precio del transporte que lo lleva diariamente a su trabajo. Y ahora, con un ex jefe de policía y sus lógicos y necesarios secuaces en medio de un desarrollo delictivo sin precedentes que se vincula con el desprecio por el ser humano ¿Qué menos que "arrasados" podemos sentirnos los ciudadanos de un país, de una provincia, de una ciudad? Esto no tiene que ver con las banderías políticas ni ideológicas, porque de por medio no hay diferencias partidiarias, sino una total coincidencia en el objetivo: "lo que importa es hacer plata de cualquier modo posible". No hay respeto por el pueblo, no hay garantías, no hay seguridades, no existe una preocupación que se centre en el bienestar de los argentinos; en definitiva, los que tenemos no son los gobernantes que nos prometieron ser cuando fue el momento de pedirnos un voto. Arrasado, sí, así me siento y así se sienten millones de conciudadanos. Como argentino, habitante de Santa Fe y de Rosario, no puedo menos que expresarles a todos los responsables de este delirio inmoral, además de mi bronca, mi dolor profundo, visceral, inconmensurable porque creo y seguiré creyendo en la democracia, pero con la misma convicción debo asumir mi equivocación como elector, o mi ingenuidad y este sentimiento que me subleva por la estafa que padece día a día nuestro pueblo. Hemos perdido, junto a la fe en nuestros representantes, la capacidad de asombrarnos de cuánto mal pueden hacernos, y eso es lo peor.
Carlos Felipe Italiano
latinia@fibertel.com.ar