Lunes 08 de Abril de 2013
Una nueva tragedia natural se abatió sobre Buenos Aires, miles de damnificados sin saber qué determinación tomar. Pérdidas de vidas, deudos desolados por la imprevisibilidad del hecho en sí. Millones en daños materiales, secuelas psíquicas tremendas. Sobre todo para los sectores más vulnerables pobres, chicos, ancianos, discapacitados. No es tiempo de empezar a transferir culpas, es tiempo de dejarse de embromar con los discursos políticos, llevando agua, que ahora sobra para sus respectivos molinos. Es más de lo mismo, creo, amparándome en mis carentes conocimientos de hidráulica, que vivimos sobre una llanura y con un río que ante sudestadas tapona el drenaje natural de pendientes o cauces de otros aportantes, que se vieron alterados con el paso del tiempo y las obras que requiere el progreso, más cemento, menos tierra, más rellenos, menos costa natural, por otro lado las mismas no tienen conexión entre ellas, no obedecen a ningún plan, entonces cada uno hace lo que quiere con la anuencia cómplice de quienes deben hacer respetar los pocos códigos de urbanización que tenemos y no flexibilizarlos conforme emolumentos pecuniarios. No hay ciudades que puedan soportar un meteoro de estas características, ya lo vimos en la Gran Manzana. Por último: funcionarios, a trabajar; quienes puedan ayudar, que ayuden y los que no, que al menos se solidaricen con nuestros semejantes, pero política no.
Roberto Rubén Sánchez, DNI 8.634.022