Lunes 29 de Noviembre de 2010
La semana pasada una de mis hijas programó un viaje a Rosario. Cuando se dispuso a bajar del auto para tomar el colectivo (después supimos) se le cae el celular nuevo, de última generación en el cordón del pavimento. Quiso el destino que un trabajador que pasaba por allí, camino a su trabajo diario, viera un estuche, escuchara el timbre y lo tomara, pero como la tecnología lo superó, como a muchos de nosotros, lo tuvo en su poder durante toda la jornada laboral, hasta que a la tardecita, su hija adolescente, más capacitada en manejo de telefonía celular, pudo descifrar a quién pertenecía. Sin pensarlo dos veces se apersonó en mi domicilio y devolvió el aparato a mi hija. Actitudes como éstas son poco comunes en esta época. Gracias señor Pranzetti, que su honestidad sea imitada.
Cecilia G. de Larramendi,
DNI. 16.060.261