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No se olvida del club Fisherton y los comienzos

El club Fisheron dejó una huella imborrable en Claudio Plit. "Hay días en los que estoy nadando y recuerdo cosas de cuando era chico, de mi infancia y de la adolescencia que pasé en el club", cuenta.

Miércoles 25 de Septiembre de 2013

El club Fisheron dejó una huella imborrable en Claudio Plit. "Hay días en los que estoy nadando y recuerdo cosas de cuando era chico, de mi infancia y de la adolescencia que pasé en el club", cuenta. "Cuando diagramé la pileta de mi casa, me inspiré en la de Fisherton, que es en la que aprendí a nadar, aunque para hacerla acá reduje sus dimensiones", explica.

"Mis primeras amistades las hice en el club. Allí estábamos todo el tiempo con Alberto Tarsitano (actual entrenador de natación de Náutico Sportivo Avellaneda), mi primo Ricardo, mi hermano Ariel y Aldo Morales, que está viviendo en Mar del Plata. Siendo un chico, tuve vivencias fuertes a través de la natación con todos ellos", comenta.

"Vivía a tres cuadras del club. Mi padre, que era un médico muy respetado, murió cuando mi hermano tenía 4 años y yo 6. Para dos niños y una viuda, nada mejor para entretenerse que ir al club. Fue así que quedé muy unido a Fisherton. Para alguien que se desarraiga, como me pasó a mí con Rosario a los 24 años, nada se olvida".

Plit cuenta que su entrenador Juan Carlos Cruz, Carloncho, vivía a una cuadra del club. "Si te quedabas dormido, te iba buscar a tu casa y te decía de todo. Fue el tipo más bueno que conocí. Falleció hace unos años. El me entrenaba entre 12 y 14 kilómetros diarios", recuerda.

"A los 12 años corrí el Cruce del Puerto y quedé segundo en la categoría. Después lo gané cuatro veces en los siguientes años, con 15, 16, 17 y 18 años, en la categoría absoluta".

"En 1973, como ganador del campeonato Argentino de aguas abiertas, me tenían que mandar a correr a Italia como nadador amateur. Pero la confirmación no llegó en tiempo y forma, pese al reclamo de la Federación Rosario de Natación", prosigue.

Ese obstáculo le deparó otro camino, y definió su futuro. "Un amigo, Carlos Aguirre, me invitó a correr profesionalmente a Canadá, al lago San Juan. No tenía dinero y él me sacó un crédito para el pasaje. Fui con 18 años y terminé tercero en esa prueba y en Chicago. En ese momento competía Horacio Iglesias, que era uno de los grandes nadadores que tuvo el país. Fue como un maestro para mí", dice

"Desde joven empecé a viajar con las antiparras a todos lados, Canadá, Estados Unidos, Italia, Egipto. Estaba estudiando medicina y dejé. Entrenaba en el club Provincial, en Náutico y luego en México. Lo más importante es que pude hacer lo que siempre me gustó", sostiene.

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