Viernes 13 de Septiembre de 2013
Un día me dijeron que el hombre no es árbol para nacer, vivir y morir en el mismo sitio. Siguiendo lo que indicaba el corazón, la razón y también las necesidades, hace 31 años recalé en Rosario. Y decidí que este es mi lugar en el mundo. Y puedo asegurar que he luchado y sigo haciéndolo desde mi humilde puesto para que sea lo más parecido a un paraíso. Y lucho contra las arbitrariedades, las injusticias, las cosas poco transparentes, las cosas que nos joden diariamente. Acepto que a mí, como seguramente a todos, aún me duele el cachetazo recibido el 6 de agosto. La tragedia inundará nuestro ánimo por mucho tiempo. Durante muchos años habremos de recordar la solidaridad de rescatistas, bomberos, socorristas, médicos, gente común que bregando ante contratiempos y adversidades dio una muestra de solidaridad y respeto por el hecho acontecido. Y hemos hablado 1.000 veces de no repetir errores. De aprender y proceder con el dolor y no con el beneficio económico. Años atrás sufrimos un incendio de gran magnitud en el edificio de San Juan y San Martín. Afortunadamente, sin víctimas ya que el local estaba cerrado. Demostrando que nada aprendimos, o lo aprendido nos importa poco, el local de comidas rápidas de San Martín y Córdoba continúa trabajando con el público en el primer piso, con una escalera totalmente antirreglamentaria que difícilmente sirva de escape en caso de incendio. Que está amoblado con materiales altamente inflamables, demostrando que la vida humana es material de descarte. Es el mismo lugar que no cuenta con las mínimas comodidades para que una persona en silla de ruedas pueda concurrir (carece de mesas, sanitarios, rampas). A pesar de las denuncias de más de diez años de antigüedad y un incendio ocurrido en 2012, nuestra Municipalidad continúa permitiendo la existencia de este y otros locales de este tipo. Uno similar acaba de incendiarse en Córdoba 5800. En 2009 el local de la misma empresa de Oroño y Jorge Cura corrió igual suerte. En todos los casos se ha dicho que el culpable fue "una falla eléctrica". Será hora de cambiar de electricista o del inspector municipal encargado de verificar el estado de los locales. Hasta ahora no ha habido desgracias personales. Estamos jugando con la suerte y los naipes se están acabando. Lamentablemente, el día que los acontecimientos sean más graves, lloraremos por niños, jóvenes rosarinos, posiblemente nuestros hijos. Si nada hacemos hoy, esperemos para mañana otro cimbronazo como el de calle Salta. Quien admite la apertura de estos locales inaccesibles, llenos de material inflamable, con evidentes fallas estructurales, ¿piensa en los rosarinos? Hagámoslo nosotros, por la nuestra. La Municipalidad no lo hace.
Mario Oscar Buss
DNI 11.939.019