Viernes 20 de Julio de 2012
Ni pasará. Digo, por el puente Rosario-Victoria ni por el Túnel Subfluvial porque el 80 por ciento de la producción de naranjas y mandarinas del litoral se quemó por las heladas producidas durante los primeros días de junio. El daño que produjo 11 horas diarias de helada a temperaturas de —5° durante casi una semana no solo quemó la fruta tirándola al piso, lo cual la hace desechable, sino que además aniquiló los árboles. Esto producirá que no haya fruta este año y el próximo pues los que sobreviven no florecerán o lo harán insuficientemente, pero, peor aún, no se podrán reponer los árboles quemados pues también heló los viveros productores de árboles. La dimensión social es enorme. Afecta a más de 2000 citricultores, 50.000 hectáreas involucradas donde la mayoría son pequeños y medianos productores, que no tendrán fruta para vender por muchísimo tiempo, a 12.000 trabajadores cosecheros y empacadores, pero además a transportistas y quienes proveen de servicios e insumos a las quintas. Tampoco ese dinero circulará por las localidades productoras. Si bien existe a nivel nacional y provincial un régimen nacional de emergencia agropecuaria éstos son claramente insuficientes cuando el desastre y el cese es tal. Cuando escucho replicar irresponsablemente que el campo es rico y que sus productores no son solidarios, que son llorones, quería que conociesen qué sucede cuando sequías, heladas, inundaciones se llevan todo y hay que volver a empezar. Tristeza y desconcierto habrá producido en miles de familias entrerrianas escuchar a la Presidenta bromear contando un chiste respecto de lo quejoso que son los productores. De quien esperaban una palabra de aliento, sólo palabras burlonas. No podrá decir que no conoce la situación dada su cercana relación con el gobernador Uribarri. Para cientos de productores, no hay ahorros, porque retenciones e impuestos detraen de más, queda solamente endeudarse para subsistir y recomenzar. Estiman más de tres años de inversiones y sacrificios, para que pueda normalizarse la producción, siempre y cuando no existan nuevos fenómenos meteorológicos que la afecten. En las ciudades pagaremos naranjas y mandarinas a precios altos pues vendrán de Salta, de Paraguay o Brasil si Moreno autoriza, pero muchísimo más caro lo pagarán trabajadores y productores de Entre Ríos y Corrientes.
Lidia Giovannoni