Domingo 28 de Marzo de 2010
Quiero narrarles una historia muy conmovedora que podrán apreciar en internet (you tube) bajo el título "El circo de la Mariposa". Los integrantes de un circo visitan otro circo donde como gran atracción se exhibe morbosamente, entre otros, a un señor sin extremidades. Resentido por ser exhibido en un espectáculo de tales características perversas, el discapacitado se autodiscrimina aislándose del grupo. Poco a poco, cuando siente el amor que le prodigan sus nuevos compañeros de circo, va valorando las capacidades de cada uno de sus integrantes, hasta que aprende a desenvolverse solo y es admirado por los logros en su desempeño. Es una gran historia, donde al inicio se muestra metafóricamente una larva en un frasco de vidrio (el discapacitado encerrado, sólo exhibiendo su apariencia, quizás fea para quien tan sólo vea lo "diferente") y cómo esa diferencia al ser valorizada por la amistad, el estímulo de quienes lo rodean, el aprendizaje, se transforma en esa bella mariposa que se eleva desplegando sus hermosas alas en un vuelo autónomo, al salir de su encierro. Quise poner este ejemplo para que estas aparentes diferencias que nos son extrañas (y todo lo extraño a veces asusta) poco a poco vayan desapareciendo. Todos somos distintos. Para que se valore a quienes son considerados "diferentes", se les permita educarse y acceder a la cultura, y demostrar que ellos también desarrollando sus alas del alma pueden llegar a sentirse hermosas mariposas. Son las alas que ascienden el espíritu, las alas que reemplazan brazos, piernas, ojos, oídos. Esas hermosas alas que pueden elevar a niveles insospechados a un discapacitado. Son las alas de la educación y la cultura, que les permitirán ser autónomos y demostrar sus capacidades. Esas alas no podemos cortárselas y deben estar al alcance de todos los seres humanos. Porque todos tenemos los mismos derechos y cuando los reconozcamos, volarán miles de mariposas de distintas formas, tamaños y colores, pero todas tendrán algo en común, la posibilidad de que a través de esas hermosas alas, todos por igual, puedan elevarse espiritualmente.
Silvia Buonamico
silviabuonamico@yahoo.com.ar