Miércoles 19 de Febrero de 2014
De concretarse la unión ferroviaria entre Rosario y Buenos Aires el tren competirá inevitablemente con el ómnibus en la preferencia de los pasajeros. Para que sea viable y no deficitaria la conexión ferroviaria y no provoque una dolorosa frustración y derroche de fondos públicos por déficit de pasajeros es menester que el tren ofrezca ventajas sobre el ómnibus: regularidad, velocidad, comodidad y seguridad. Ninguno de esos requisitos se satisfará si la estación terminal funciona en el Apeadero Sur, según se ha anunciado. Mientras que la terminal de ómnibus está situada en un lugar equidistante de los extremos de Rosario, el Apeadero Sur, ubicado en el extremo sur ahuyentará a los pobladores de las zonas norte y oeste; además está incluso lejos del área central (la más poblada). Añadamos que objetiva y subjetivamente la zona sur es el área más peligrosa de Rosario, lo cual constituye un poderoso motivo para desalentar a los potenciales usuarios de tener que trasladarse hasta allí para abordar el tren, o bien apearse y emprender un azaroso viaje urbano. Asimismo, dada la demostrada ineficacia del Estado en todos sus niveles de prevenir el delito también correrán serios riesgos de vandalismo las instalaciones ferroviarias y la integridad física de los pasajeros en la misma estación, e incluso en el tren en marcha al arribar y al partir. Se arguye que se ahorraría dinero en expropiaciones y relocalizaciones de usurpadores y el Apeadero Sur sería una estación provisoria hasta que se construya una nueva. Esto es una engañapichanga, dado que lo provisorio en nuestro país es definitivo. En cuanto el supuesto ahorro, hay economías mal entendidas. Recordemos la traza Rosario-Victoria, para inaugurarla más pronto y que costase menos no se estableció ni previó la conexión ferroviaria, se hizo de dos carriles nada más y no se hicieron el talud y los puentes secundarios suficientemente anchos para que en el futuro fuese autopista. Ahora está colapsada por el tránsito pero no hay ni visos de adecuarla por lo menos a autovía. Análogamente, la estación ferroviaria en el Apeadero Sur condena a la conexión ferroviaria a ser deficitaria e insegura, demandará mayores gastos de mantenimiento y en definitiva en vez de ser más económica costará más que en otra ubicación, eso sin contar los dolores humanos que producirá la delincuencia. A todos estos peros los gobernantes anteponen la premura por inaugurar (simbólicamente) la traza ferroviaria antes que las elecciones de 2015 para extraer rédito político.
Raúl Miguel Ghione / DNI 6.033.754