Jueves 23 de Enero de 2014
Treinta años de democracia, para el común de la gente, pero en suma, para todos. Una celebración: la de un período emancipado del último tristemente célebre gobierno de facto. ¿Qué supone esto? Que todo debe funcionar conforme lo determina la Carta Magna. En países donde se respeta a ultranza el derecho del soberano, es poco probable que se trasgredan tales premisas. Democracia: bella palabra que no debe estar sujeta a una impúdica desviación de su significado. Al término del período militar comenzó a hacerse pública una impresionante cifra de personas desaparecidas y quienes, según la Conadep, víctimas del accionar de los uniformados. A partir del recomienzo de la democracia, sistemáticamente y en franco ascenso, algunos males se apoderan de nuestra sociedad como endémicos: la violencia, la inseguridad y la cada vez mayor cantidad de víctimas de accidentes de tránsito evitables. Aquella cifra, según familiares de las víctimas de los militares, es ahora ampliamente superada. Estamos en democracia pero no se advierte la toma de medidas tendientes a erradicar semejante flagelo, que a fuerza de ser comunes, se transforman en normales, aunque en el fondo no lo son. Reclamos de toda índole, paupérrimo accionar de una Justicia lenta y desprovista de argumentos propios para tales circunstancias. Una lamentable legislación. Los responsables carecen de probidad para dictar leyes que apliquen heroicidad en sus decisiones. No hay voluntad de cambio que se ajuste a los parámetros determinados por el artículo 14 bis de la Constitución. El asistencialismo vía subsidios, solo sirve para controlar hipótesis de conflictos sociales. El pueblo asiste con pena, sus prédicas son como el propósito del Quijote contra los molinos de viento. El manchego, según Cervantes, era un demente. Valga la comparación. Los postulantes al poder, a los de los distintos estamentos, prometen hasta el hartazgo en sus plataformas ocuparse de este cáncer metastático. Pero nada. La cosa para ellos no tiene remedio. Juran, incumplen, se van para volver en otra contienda electoral pero en otro cargo. Típico: cambiar para que no cambie nada. Justo sería que sólo acceden a un cargo por un período. Con su conducta coadyuvaron al deterioro de nuestra querida patria. El soberano debe abrir los ojos para que el error no se repita. Cuestión de idiosincrasia. Un alegato nada despreciable: a aceptar la falta de capacidad para mejorar este estado de cosas y a ponerse rojos de vergüenza como cuando éramos niños, algún reclamo paternal o no ante una falta cometida, nos modificaba el color natural de nuestro rostro. No a la pérdida de la memoria. Ellos juran y nadie les demanda por los errores. Un alegato: por favor, basta al sistemático daño del elegido como del elector. Que prime el sentido común, si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera.
Oscar H. Rodríguez
DNI 6.004.403
Contradicciones y acciones
El gobierno, a través del Ministerio de Defensa, acaba de adquirir en el exterior una gran cantidad de uniformes para nuestras Fuerzas Armadas de un diseño contrario a nuestros usos y costumbres. Pero no es sólo el diseño lo que me produce rechazo y confusión, pues este gobierno que dice defender los intereses de los argentinos y que apoya su producción acaba de entregar cuantiosas cifras al exterior que bien podrían haber sido utilizadas para contribuir al desarrollo de la industria textil nacional. Si así hubiera sido, se habría contribuido a la generación de mayor empleo en nuestra patria y en consecuencia para una mejor calidad de vida de los argentinos. Una vez más el gobierno se comporta de acuerdo al dicho: “Haz lo que digo, mas no lo que hago”.
Jorge Augusto Cardoso
DNI 7.784.561
Jubilados en desigualdad
Un prestigioso filósofo de la antigüedad, dijo: “Los viejos son pobres de espíritu porque han sido humillados por la vida, y no esean nada majestuoso ni excesivo, sino lo necesario para vivir”. En la Argentina en que vivimos, marcada por una enorme desigualdad social, hay mucha gente que llora por ser víctima de la injusticia. Gran parte de la misma son precisamente nuestros viejos, que viven la dura experiencia de no poder cobrar lo que por ley les corresponde, de tener que seguir trabajando una vez retirados, y de ver que hay jubilados de privilegio que por el sólo hecho de haber sido jueces o funcionarios cobran abultadas sumas de dinero en comparación con ellos. El malestar que genera la diferencia que hace el gobierno, siempre divorciado de los intereses del pueblo, me llevó a escribir la siguiente poesía, que pinta de cuerpo entero las quejas del sector perjudicado por las diferencias aludidas. La misma se titula “Don Mosquito”, y dice así: “¡Adiós don Mosquito! ¡Qué gordito se lo ve! Ya no vuela bajito para poder comer. Sé que no es bueno olvidar el pasado, como tampoco lo es vivir del ayer; pero, yo recuerdo Mosquito ¡las que pasaba usted para tener qué roer! ¡Cuántas noches del verano, me habrá picado las manos y también los pies! ¡Yo tiraba manotazos, pero nunca le acerté! Lo felicito, Mosquito, veo que sigue toreando bien. ¡Ah! ¿Ya no pica a los que duermen? Entonces ¿puedo saber de qué vive usted? Porque está cara la vida, cara, además de jodida; algunos, por poder comer, fueron desecho en alguna piel. Usted, en tanto, Mosquito ¡Usted, sí, la pasa bien! Ya no pica ni se expone ¡Y vaya que come bien!”.
Daniel E. Chávez
DNI 12.161.930
Contra el dicho “no te metas”
El “no te metás” es una frase que la vengo escuchando desde mi adolescencia. Como todas las cosas llega un momento en que la cabeza te hace un clic y te ponés a reflexionar. Sé que lo hecho por uno solo no sirve, sé también que las cosas son como son, pero siempre he querido cambiarlas. Entonces he pensado que, tal vez, y durante tantos años, he colocado mi granito de arena y soñando ver reflejada esta realidad. Me he preguntado muchas veces cómo me sentiría como persona si no hubiera participado en tantos encuentros sociales a los efectos de cambiar esta realidad. Cómo me hubiera sentido si hubiese sido indiferente al dolor de los niños de la calle; cómo me hubiera sentido si no reclamaba una mayor justicia hacia los jubilados; qué hubiera sentido ante la indiferencia de los casos de corrupción; cómo supliría el dolor del vaciamiento del país. Cómo no sentir indignación ante las injusticias y atropellos a los comunes trabajadores, con un desamparo total y sin una voz que nos represente dignamente. Sería una larga e interminable lista. Hago mías las palabras de Nelson Mandela: “No me inquietan los gritos de los poderosos, me asusta el silencio de los honestos”. No es un llamado a la rebelión, es, simplemente, una reflexión que me tuve que hacer ante insistentes comentarios de seres muy queridos y hechos de buena fe. Y creo que con los años uno tiene una coraza reforzada por honestos pensamientos de mis padres, ejemplos de una vida honesta y de lucha.
Dusan C Sigulin
LE 6.009.490
La culpa no es del chancho
En respuesta a la carta de la señora Olga Bressano de Alonso, diré: es verdad señora, se fugan presos, los delincuentes matan todos los días para robar cualquier cosa, un par de zapatillas, la billetera, una cartera. Es verdad que los criminales siguen sueltos, mientras que el ciudadano común debe encerrarse en sus viviendas, guardar el auto con temor, mandar a nuestros hijos a la escuela pensando que al regresar puede pasarle cualquier cosa. Mire señora, creo que ver a otros países no sirve de nada porque no tenemos la misma cultura, costumbres y educación. No importa qué es lo que hacen en Suecia, en China o Japón, nosotros estamos viviendo otra realidad, tenemos chicos que mueren de hambre y de sed abandonados en la indiferencia política. Personas que no saben leer ni escribir porque no tuvieron la posibilidad que usted y yo tuvimos en estudiar. La seguridad es un tema importantísimo como también lo es la educación y la salud y lamentablemente en estos Países Bajos la educación la implementan con netbook y planes de estudios inútiles. La salud la curan con ibuprofeno, salbutamol y parcetamol siempre y cuando sea viral. ¿Y qué hablar de la seguridad? Si usted supiera cómo tiene que trabajar un policial entenderían el por qué de su accionar. En las comisarías no tienen personal, no disponen de móviles y tienen que tener más detenidos de lo normal porque el juez no llega a un proceso. El personal policial de calle, el que tiene que patrullar las calles brindando seguridad, no dispone de un móvil adecuado, sin combustible, sin frenos, usted me extiende. Y lo peor y lo más triste es que ya no pueden desenvolverse en su trabajo. Estaría muy bueno que todo cambiara para bien, porque es el país que le dejamos a nuestros hijos a nuestros nietos. Y mirar países lejanos no sirve de nada si uno no empieza a ver con los ojos la realidad, a este gran y hermoso país lo están consumiendo los planes sociales, la indiferencia, la falta de educación y el desinterés de los políticos... El cambio empieza en uno y la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer.
Lencina Yessica
Refuerzos sí, rellenos no
Observando el partido amistoso frente a Independiente, al margen de ser un partido de verano, es indudable que en NOB necesitamos un 9 sí o sí. Si consideramos que las últimas fechas del torneo pasado nos costó muchísimo sumar de a tres y que se nos escapó un torneo “imperdible”, creo que el cuerpo técnico junto a la dirigencia deben de forma urgente encontrar ese jugador que supla la carencia que tiene el equipo desde que se fue Nacho Scocco y fue imposible de llenar ese espacio. Tenemos que jugar dos torneos a la par, copa y campeonato, y dicho por el propio DT y jugadores de peso, coinciden que tenemos un plantel “corto”. No sé quién puede ser ese 9, pero que lo necesitamos urgente, a nadie le cabe esa duda. Y sobre lo que algunos dicen que debemos afrontar ambos torneos con jugadores de nuestra cantera de inferiores, digo que me parece excelente el trabajo que se viene llevando a cabo en nuestra cantera, pero creo que hay que ir de a poco y en estos momentos no hay que quemar a los juveniles, son dos torneos duros. Sí creo que esos juveniles que vienen asomando serán el gran futuro rojinegro como fue históricamente nuestra reconocida fábrica de jugadores.
Marcelo Parodi
Locuras por falta de meritocracia
El que ocupa ilegalmente tierras fiscales comete el delito de usurpación. Sin embargo, cuando el Estado necesita esos terrenos los recupera tras “indemnizar” a los intrusos. Incluso con viviendas. Por eso se ha pasado de la dictadura al terrorismo tributario. Los piqueteros cometen un delito también de acción pública. Sin embargo, la policía los custodia y desvía el tránsito, enloqueciendo a medio mundo. En los países desarrollados no se trabaja así. Según Montesquieu, “La impunidad es la principal causa del delito”. En Argentina carecemos de meritocracia. Es decir, no hay correspondencia entre el mérito y el destino de las personas. A los gobernantes la inseguridad pública les interesa un pepino salvo cuando son cómplices. Pero la sociedad los vota, los vota y los vota.
Julio Chiappini