Viernes 02 de Noviembre de 2012
Entre las amenazas a la seguridad que nos afectan cotidianamente, una de las más frecuentes constituye el robo de teléfonos celulares, y especialmente a menores, por métodos violentos. A mi hijo ya le robaron cuatro, y cada vez nos conformamos con la consabida frase "por suerte no te lastimaron". Si se roban tantos celulares, es porque se pueden seguir usando, y por lo tanto tienen un valor económico de reventa y un circuito de comercialización ilegal que los paga. Y esto sería muy fácil de combatir. No hace falta un nuevo departamento policial, ni más inspectores, ni agentes. Sería suficiente con que las empresas prestadoras se comprometan en conjunto a bloquear el uso de todo celular denunciado como robado, ya sea con su línea original o con cualquier otra, y que compartan la información entre ellas. La tecnología existe (el número "Imei" único para cada aparato) y las prestadoras lo pueden hacer, si quieren. Pero la existencia de este número no se publicita, y en algunos casos las prestadoras ponen excusas para no recibir esas denuncias (como "que el aparato no lo proveyeron ellas", o que "no lo tienen registrado como asociado a esa línea"). No quisiera llegar a la conclusión de que no les interesa combatir el robo de celulares porque les conviene que cada celular robado se siga utilizando para así vender más minutos.
Silvia Buonamico