No hay derecho a preocupar
Tengo a una hija a la que acompaño todos los viernes al comercio de la bajada Puccio llamado Thaos. Soy una madre consciente del lugar donde dejo a mi hija y no me parece tener que escuchar o leer comentarios fuera de la realidad. No hay derecho a preocupar así a los padres. Invito públicamente a los papás a que vayan como lo hago yo y comprueben...

Viernes 31 de Octubre de 2008

Tengo a una hija a la que acompaño todos los viernes al comercio de la bajada Puccio llamado Thaos. Soy una madre consciente del lugar donde dejo a mi hija y no me parece tener que escuchar o leer comentarios fuera de la realidad. No hay derecho a preocupar así a los padres. Invito públicamente a los papás a que vayan como lo hago yo y comprueben ustedes mismos que sus hijos están por lo menos durante cuatro horas integrándose entre sus pares y no siempre frente a una computadora o a un programa de televisión que muy poco deja de aprendizaje. Aparte, si dejamos siempre a nuestros hijos encerrados sabiendo que si nos precisan vamos a estar, ¿qué va a pasar cuando sean grandes y salgan a la calle? Nosotros estamos para ponerles y mostrarles los límites, no para evitarlos. Por eso esta nota más que nada está dirigida a esos malintencionados que seguramente están buscando algo. Muchos pensarán por qué escribo esta carta, es fácil, me tocaron el orgullo de madre y sé muy bien dónde dejo a mi hija. Ella siempre me espera en la puerta cerca de algún policía o de algún personal de seguridad. Aparte, usemos la lógica, hace poco que funciona ese comercio, no creo que sus intenciones sean hacer las cosas mal. El peligro nos acecha a todos, en la puerta de un colegio, en un club y hasta en nuestra propia casa, hay que saber prevenir. Y aprovechen este espacio que nos brinda este emblemático diario, no siempre para quejarse sino también para defender.

Mariela Díaz