Sábado 16 de Mayo de 2009
La miseria se traduce, entre otras cosas, en el abandono callejero de hijos, actitud que origina muchos de los problemas que como sociedad nos aquejan. El desarrollo de prácticas naturales o artificiales de regulación de la fecundidad ha posibilitado disfrutar de lo hermoso del placer, el amor y la comunicación, mientras la pareja logra las condiciones emocionales y sociales para tener hijas cuando ésta sea su decisión, como una opción responsable y madura. En este sentido, aún es mucho lo que hay por hacer en nuestro país desde la educación sexual y la planificación familiar. El control de la natalidad se relaciona con la implementación de políticas dirigidas a ejercer control sobre el crecimiento irracional de la población con el fin de favorecer el desarrollo y el bienestar de una sociedad y, aunque sabemos que este sólo hecho no significa necesariamente que se construyan mejores familias, lo opuesto, lo vemos diariamente, destruye el significado de la procreación humana responsable. Siempre supimos que la familia es la célula de la organización social y cuando nos referimos a familia hablamos de "grupo de personas nucleadas por la procreación, la solidaridad y asistencia recíproca". Este concepto genera, por ejemplo, el artículo 265 del Código Civil en cuanto a obligación alimentaria y, si este artículo no se puede cumplir, se debe conformar una familia pequeña o no formar. Un estado que no instrumente junto y a la par de los planes sociales de ayuda económica políticas de concientización de paternidad responsable, deja a nuestro juicio de cumplir una función básica y apremiante, tanto como lo demuestra esa deuda con los niños callejeros, la gran mayoría no deseados o frutos del machismo abusador —que considera embarazar una prueba de virilidad y que en realidad es desprecio por la mujer y su destino— la desaprensión, la desinformación o la especulación de tener una familia numerosa que garantice la subsistencia y un protagonismo social a toda costa. La visión de estos chicos nacidos para el ultraje pesa en la sensibilidad, la seguridad y la economía social, visión no solucionable mirándolos a los ojos y dándoles algunas monedas. Esos son paliativos mínimos, más para aliviar nuestra conciencia que para arribar a soluciones que esos mismos niños nos están implorando. Y ellos repetirán el círculo vicioso. Ser padre y madre debe ser y es para una gran mayoría, una experiencia maravillosa y de por vida. La planificación familiar exige un proceso complejo de formación que promueva en todas las clases sociales, desde tempranas edades, valores, actitudes y habilidades para una paternidad/maternidad responsable. Para ello, consideramos prioritario que los gobiernos instrumenten procesos intencionales, permanentes y sistemáticos de educación sexual vehiculizadas en campañas urgentes en las barriadas marginales y en el sistema educativo estatal y privado. Ser padres es un derecho pero acarrea obligaciones y conciencia de Estado para no ofrecer a la sociedad niños-gorriones que no podemos ni sustentar, ni proteger, ni educar.
Raúl González DNI 6.043.304, y Silvia Florentino L.C 5134370