Martes 13 de Diciembre de 2011
Los jóvenes cibernautas que propiciaron "la primavera árabe" en países del Oriente Medio asfixiados por gobiernos déspotas, intolerantes, dictatoriales y vitalicios, dijeron ¡basta! a un poder omnímodo. Los indignados de Europa y Wall Street, coetáneos desocupados y sin perspectiva de futuro, también expresan a través de movilizaciones su repudio a un poder instalado que no da respuestas a sus justas aspiraciones. La diferencia es que mientras los primeros luchan por un cambio del sistema de gobierno y el inicio de una nueva era en las relaciones de poder, los segundos cuestionan al uso del mismo en beneficio de uno pocos. El analista canadiense, Adam Kahane, vino a la Argentina a hablar del amor y el poder, y de cómo funcionan estas dos fuerzas. Especialista en la generación de escenarios para resolver conflictos y crisis en el mundo dijo: "Ninguna de las formas extremas que usamos para resolver los conflictos sociales, la guerra agresiva y la paz sumisa funcionan". Explicó que el desafío es "unir el poder, entendido como el impulso hacia la auto-realización, y el amor, definido como el impulso hacia la unidad". La Argentina detenta un sistema republicano y federal de gobierno con sus tres poderes bien constituidos: el Ejecutivo, el Judicial y el Legislativo. A través del voto podemos elegir nuestros representantes legislativos y ejecutivos, no así los judiciales que lo son a través de distintos mecanismos como los Consejos de la Magistratura u otros. Pero de lo que se trata, es el uso del poder delegado, donde la sociedad debe participar y velar para la debida implementación del mismo, como una herramienta que mejore la calidad de vida de los habitantes.
Alejo Vercesi