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Newell's logró un gran triunfo en Liniers con una destacada actuación

Cómo quitarle el sueño a esos más de cuatro mil leprosos que saltaban, gritaban y enloquecían ni bien Delfino pitó el final. Si hasta tardaron en gritar el gol, merecido, de Pellerano que le daba una victoria enorme, justificada...

Martes 27 de Marzo de 2012

Cómo quitarle el sueño a esos más de cuatro mil leprosos que saltaban, gritaban y enloquecían ni bien Delfino pitó el final. Si hasta tardaron en gritar el gol, merecido, de Pellerano que le daba una victoria enorme, justificada, a un Newell’s que guapeó al gallardo Vélez en su propio reducto. Porque eso fue este equipo de Martino que anoche dio un salto de calidad impresionante, adueñándose del trámite y las situaciones hasta el final, cuando ya parecía resignado al empate, que también lo hubiera dejado satisfecho. Porque no sólo conseguía así esos puntos tan esquivos de antaño, sino que lo hacía de una manera impensada hace un tiempo: con un manejo atildado de pelota al piso, con paciencia, con confianza. Así ganó en Liniers 1 a 0 sobre la hora, con la doble valía de lo que hizo con argumentos que empiezan a aparecer como una marca de este ciclo del Tata.

Los leprosos que terminaron copando el Amalfitani tardaron en retirarse pese a que debían ser los primeros. ¡Cómo para no! Ya estaban preparados para despedir con aplausos a los muchachos de Martino por lo que habían dado, ni qué hablar cuando Pellerano, que había tenido varios problemas en el primer tiempo, desvió a la red el cabezazo de Víctor López en el último córner del partido. Encima con suspenso, porque al último que vieron fue al asistente que lo convalidaba correctamente.

Ahí estalló la euforia. No sólo en la tribuna, sino en el mismo banco y en los jugadores cuando Germán Delfino pitó el final. Y es que la conquista no llegó por casualidad, sino por la persistencia de no resignarse, ni aun sabiendo los problemas en la definición que traía, que bien podían haberlo resignado después de los numerosos intentos que no pudo concretar.

Newell’s tuvo además fortaleza mental para desarrollar un juego más efectivo. Martino ideó otro mediocampo, con Villaba metido delante de los centrales, y Pérez, Bernardi y Figueroa más juntos, dejando las proyecciones para los laterales, o para Sperduti. Así lograron asociarse bien, la recuperaron rápido y decididamente le robaron la tenencia a Vélez, que se podrá decir que venía cansado de sus citas coperas, pero había que tener con qué para lastimarlo. Y este equipo tuvo.

Los rojinegros monopolizaron entonces el trámite y, pese a que contaron con ocasiones más claras en el primer tiempo (el mano a mano de Víctor Figueroa fue la top), lo cierto es que en el segundo Hernán Villalba se asentó, le ahorró trastornos de cabeza a cierta desarticulación que muestran los zagueros y ya ni posibilidades de acercamiento tuvo Vélez. Le costó, eso sí, más esfuerzo para llegar a Barovero, pero jamás dejó de intentarlo. Y el que busca tiene más posibilidades de encontrar, como en el córner del final.

Newell’s ganó merecidamente en Liniers, ante un rival de fuste que agranda su conquista. Jugó hasta el último instante y, cuando el empate ya era un premio para nada desdeñable, se quedó con todo para alimentar aún más la confianza de que va por el camino correcto. Ganó por tercera vez consecutiva, empieza a olvidarse del promedio, se puso a sólo dos unidades de la punta. Y encima, más importante aún, lo está logrando con una evolución palpable y creciendo desde el pie.

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