Viernes 15 de Enero de 2010
El neoliberalismo no confía en el principio de la democracia: la soberanía del pueblo. Para el neoliberalismo la democracia puede transformarse en un alud de populismo y demagogia. De ahí la necesidad de evitar que el manejo de la moneda quede en manos del gobierno. El Banco Central, entonces, debe ser "independiente". Resulta vital para la "salud" de "la Nación" que el gobierna carezca de poder para emitir moneda o manipular el dinero depositado en el Banco Central, ya que de hacerlo estaría cometiendo el peor pecado: violar la propiedad privada. El Banco Central debe quedar en manos de un economista "confiable", convencido de que la economía neoliberal es la única capaz de garantizar progreso eterno. Debe estar a cargo de un economista que crea en la economía de mercado, que considere a los políticos "populistas en potencia", que sea capaz de frenar todo intento gubernamental por inmiscuirse en asuntos que, como el de la moneda, no son de su incumbencia. Para el neoliberalismo la visión cortoplacista de los gobernantes debe ser controlada por la prudencia del presidente del Banco Central, atento a frenar cualquier amago de populismo. La política económica tiene que pasar por el Banco Central y no por el Ministerio de Economía. El neoliberalismo eleva al Banco Central a la categoría de poder autónomo dentro del ámbito de gestión del poder gubernamental. ¡Cuánto elitismo se respira en esta concepción! ¡Cuánto desprecio por la voluntad popular! ¡Cuánta falta de respeto por los excluidos! ¡Cuánta subestimación de la inteligencia del pueblo!
Hernán Andrés Kruse hkruse@fibertel.com.ar