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Nelly, Haydeé y el secreto para celebrar una amistad durante más de medio siglo

Es la historia de dos mujeres de barrio. Viven en la República de la Sexta, ambas pasaron los 80 y se sienten tan compinches una de otra como el primer día que se conocieron.   

Domingo 20 de Julio de 2014

Esta es una historia de amistad común y corriente. No de heroísmo, ni siquiera de excepcionalidad. Es la historia de dos mujeres de barrio, Nelly D'Arpignole (82) y Haydeé Kronfly (83), una "manga de viejas", como ellas mismas se nombran, que llevan una larga vida en común y ahora, a pesar de los achaques, siguen tan compinches como siempre. Una "dicha", dicen, un "regalo" al que vienen "regando" desde hace largas décadas porque no se pueden ni imaginar la una sin la otra. Mate va, mate viene, en la pequeña casita de República de la Sexta donde las "chicas" reciben a LaCapital, hablan sobre qué es esto de sostener una relación tan exclusiva, cuando por Facebook, hoy, los "amigos" se cuentan de a miles.

"¿Damos ese o el otro? Porque nosotras cuando nos casamos perdimos el apellido", dice Nelly, con total ingenuidad, en la disyuntiva de cómo presentarse a sí misma.

"¿Cómo que perdieron el apellido?", se escandaliza el diario. "Es que antes éramos «de», pero ahora te vuelven a poner el de soltera: dejamos de ser «de» y de nuevo somos nosotras", apoya Haydeé.

La presentación deja en claro de arranque cómo gravitaron el matrimonio y la familia sobre la identidad de las dos mujeres, que a lo largo de la charla nombran a maridos, hijos, nietos (en un caso hasta bisnietos) con frecuencia.

Por eso no es de extrañar que se hayan conocido en un contexto ligado a la maternidad —reuniones de la Liga de Madres de Familia en la parroquia del Pilar— hace bastante más de medio siglo. Pero lo que se desmarca de esa fuerte prevalencia familiar es justamente lo que motiva esta nota: su amistad.

En realidad eran cinco las amigas íntimas, pero tres ya fallecieron. Tampoco están más los maridos. Y quizás porque las ausencias pesan, Nelly y Haydeé aprendieron a aferrarse más una a la otra.

—¿Qué las acercó?

Nelly: —Yo aprendí mucho de ella. Del modo en que amaba a su familia y la ponía adelante de todo. Fue como mi consejera. Ella fue y sigue siendo así

Haydeé: —De Nelly me gusta la paz que tiene. Me tranquiliza.

—¿Se cuentan realmente todo?

N: —Sí, todo.

H: —Hemos pasado las lindas, las feas y todas juntas.

N: —De lo más alegre a lo más triste.

—¿Cuáles fueron las feas?

H: —Lo peor, velorios y enfermedades. Ella me ha acompañado en el sanatorio y yo a ella.

N: —Sin horario. Nos íbamos a la hora que fuera para no dejar a la otra sola.

H: —Cuando mi marido estuvo internado, ella no dejó de venir una tarde para hacerme compañía. Cuando cerró los ojos, estaba ahí.

N: —Mirá cómo habrá sido...

H: —Aún hoy mis hijos la nombran a Nelly con muchísimo cariño. Con decir que cuando yo estaba chinchuda en mi casa, mi nena, que era chiquita, se ponía a bailar y cantaba "Nelly, Nelly, Nelly".

N: —Y si la retaba me llamaba de escondidas y me decía: "Vení, que mi mamá hoy está loca".

H: —Ella me calma.

—¿Los mejores momentos?

N: —Los casamientos de los hijos, los nacimientos y bautismos de los nietos.

—¿Son muy importantes una para la otra?

N: —Imaginate: tenemos una vida en común. ¡Yo tengo un miedo de que ella me falte...!

H: —Yo también. Hace dos años se murió una amiga y aún la extrañamos mucho. Cualquiera de las dos querría ser la primera.

N: —Porque hay cosas que vos no podés hablar con otra generación. Ella es mi par, los otros ya quedan en otro plano.

H: —Pero tampoco somos celosas de otras amigas de la otra, ¿eh?

N: —Claro, no somos dos aparte del mundo y que los demás no molesten...

—¿Al enviudar se estrechó la relación?

N: —Si, pero nuestros maridos siempre respetaron nuestra amistad: podíamos salir todos juntos, pero la amistad era nuestra.

—¿Un momento especial que recuerden y mereciera un abrazo?

N: —Nos abrazamos siempre.

H: —En todos los momentos estamos presentes.

N: —Hay una sola cosa en que no estamos de acuerdo: a mí me gusta el mate caliente y a ella frío.

H: —Y a ella nuevo y a mí viejo.

—¿Qué les disgusta de la otra?

N: —Nooo, nada

—Vamos, anímense.

N: —Bueno: que se va siempre corriendo, que es ansiosa ella. La peleo por eso. Si vos no llegabas en 10 minutos se iba nomás....

H: —La verdad, no sé qué no me gusta de Nelly. Pero eso sí: siempre pone los puntos sobre las íes.

—Usted quiere decir que no tiene pelos en la lengua...

H: —Eso, pero es sinceridad.

N: —Pero nunca hemos tenido una palabra ni nos hemos peleado.

H: —El otro día yo iba a venir de visita y ella me dice "no vengás, porque no tengo ánimo de atender a nadie". Yo digo "fenómeno, chau", y se lo cuento a mi hija y ella me dice: «Pero mamá, qué flor de amiga tenés... ¿para qué te va a recibir sin ganas?». No te lo había contado, Nelly: eso dijo Adriana.

No han hecho largos viajes juntas, ni miran novelas a la par, ni juegan a las cartas porque Haydeé no sabe. Ropa casi no se han prestado, fuera de un chal o alguna carterita de fiesta.

N: —Así que charlamos y tomamos mate.

H: —Sin sacar el cuero a nadie

N: —No, no, no, no.

H: —Porque hay que aceptar a cada uno como es.

—Entonces, ¿qué dirían que es la amistad?

N: —Lo más grande que hay. Estas cinco amigas que fuimos salimos del trabajo comunitario.

H: —Dicen que del trabajo salen las mejores amistades.

N: —El Día del Amigo capaz que nos llamemos, pero para nosotras la amistad es de todos los días, la llevamos en el alma. El contratiempo de una es de la otra. Hay cosas que se pueden contar y otras que no, pero siempre fue así.

H: —A mí un ladrón me arrastró como 20 metros para sacarme la cartera que me había quedado acá abajo y como ella no podía venir me mandó la nuera.

N: —Y en otra cosa más íntima mía, ella me ayudó a salir a flote. Pienso que está solo el que quiere. Porque es cierto que nosotras tenemos esta dicha, este regalo, pero a la amistad hay que regarla.

H: —Además del gran cariño, al amigo mucho respeto, ¿eh?

N: —A veces veo que ustedes, los más jóvenes, no se aguantan nada. Y esa es la cuestión: saberse poner en el lugar del otro.

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