Martes 29 de Septiembre de 2009
Hace treinta y siete años mi esposa y yo compramos un departamento por medio de un crédito. Se trata de un edificio antiguo, construido en 1927 y catalogado como de "valor histórico". Nuestro departamento es interno y tiene aberturas solamente hacia el Este, por donde nos entra aire y sol por las mañanas. Con mucho sacrificio, nosotros pagamos esas "comodidades relativas". Es decir, pagamos por ese aire y ese sol que entran por el Este debido a que estamos en un primer piso y nos rodean por ese lado edificaciones bajas. Desde hace unos días estamos viendo operaciones de demolición en unas construcciones de antiguos negocios ubicados, justamente, del lado de las "comodidades" que adquirimos junto con nuestra vivienda. Nos está naciendo el temor de que nos planten una "hermosísima torre" que nos obligue a vivir en una casi noche permanente. Sabemos que Rosario posee un reciente Código Urbano que limita las alturas, pero también conocemos los recursos para escabullirse y los mentirosos argumentos de que "traemos el progreso", "damos trabajo a la gente" y "contribuimos a embellecer Rosario". El verdadero argumento que nadie confiesa (así como ningún derechista dice "somos de derecha") es "hacemos plata y al que no le gusta que se aguante" (porque en este momento conviene invertir en la construcción). Por las dudas empiezo a protestar, y lo seguiré haciendo. No me seduce el futuro de una humanidad pálida y vulnerable, que vive enterrada y debe esperar los fines de semana para salir (si es que tiene los medios) del "pozo urbano" y comprobar que el aire y el sol siguen existiendo.
Héctor Bonaparte, DNI. 6.205.548