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"Necesito que se haga justicia para que mis otros hijos puedan vivir sin odio"

Días atrás detuvieron a un sospechoso por el homicidio ocurrido hace tres años en Tablada, por el cual continúa prófugo un joven.

Martes 02 de Septiembre de 2014

"Necesito que se haga justicia para que los hermanos de Claudio, que son adolescentes, puedan vivir sin odio. Estoy contenta porque detuvieron al sospechoso, pero también estoy con las manos vacías y siempre será así". Desde que mataran a su hijo Claudio Colli, tres años atrás en Tablada, Cristina Carrizo no dejó de ir a Tribunales. En el Centro de Atención Judicial (CAJ) la mujer de 43 años halló contención pero también aportó la información que le llegaba sobre los sospechados.

Claudio "Caio" Colli fue asesinado el 21 de septiembre de 2011 en Centeno y 1º de Mayo cuando subía a un 143 para ir a festejar el día de la primavera. A la vista de todos, el chico de 18 años fue baleado por un joven que iba con otro en una moto, ambos señalados por testigos.

Días después fue detenido Brian A., apuntado como quien manejaba el rodado. Tenía 17 años y fue alojado en el Irar, de donde al parecer salió con un permiso, no volvió y sigue prófugo. En tanto, días atrás el sindicado como tirador fue detenido en Villa Gobernador Gálvez por la TOE. Se llama Cristian Nahuel Ojeda y ahora tiene 22 años. Tras ser indagado —dijo que se estaban "confundiendo de persona"— quedó preso acusado de homicidio agravado por uso de arma de fuego.

Recuerdos. Desde hace dos años Cristina vive con sus hijos de 16 y 19 años lejos de Tablada, en una casa de un plan habitacional que obtuvo en 2012 por sorteo tras diez años de espera. "Algunos dicen que mi hijo me la mandó desde el cielo", dice de la vivienda que le permitió irse de su barrio natal, al que asegura extrañar y donde suele volver de visita. "No es fácil irse de Tablada. Los últimos tiempos era muy violento y Claudio quería que nos fuésemos. Igual me decía «si querés mudate vos, yo no me voy ni en pedo». Amaba su barrio, su esquina, la escuela".

Los recuerdos brotan a medida que Cristina cuenta sobre él. "No es porque sea mi hijo, pero era un chico educado, querible, un pibe sano. Y por eso era un referente entre sus amigos y vecinos. En su velorio había gente que yo no conocía, se llevaba especialmente bien con la gente mayor. Decía que cuando tuviera plata quería tener un hogar de ancianos".

Cristina se arrepiente de haber permitido a Claudio dejar la secundaria cuando cursaba cuarto. "Me habían detectado una enfermedad genética y me internaban seguido. El me propuso dejar la escuela un tiempo y se puso a trabajar en changas". Por esos días el pibe estaba entusiasmado con un proyecto municipal para jóvenes en riesgo social que se implementaba en la esquina de su casa, un taller en el que se hacían fotos y filmaciones. "La gente de la Municipalidad me decía que Claudio tenía pasta de líder, les insistía a los pibes para que se pusieran las pilas, trataba de sacarlos de la droga".

Más dolor. El homicidio de Colli marcó la histórica disputa barrial referenciada en dos calles de Tablada: "los de Ameghino" y "los de Centeno". Claudio, recuerda su madre, se juntaba con los de Centeno. Pero "en la escuela se juntaban todos. Por ejemplo, el acusado de matarlo hizo la primaria con él. Nosotros vivíamos en el pasillo, no sé cuándo empezó esa división pero hay mucha bronca. Basta contar las muertes que hubo después del crimen de Claudio", dice Cristina, y empieza a nombrar: Lucas, Fabricio, Nico...

Al día siguiente del crimen unas 200 personas se agolparon frente a una casa de Ayacucho al 4100 donde vivía gente vinculada con los supuestos homicidas. Hubo disparos y hasta un pequeño incendio.

Pero un mes después, un doble homicidio rompió todas las reglas: en octubre de 2012 desde una moto dispararon contra una familia que iba en otro rodado. Leandro Ojeda, de 25 años, y su hijastra Triana de 4 murieron baleados.

Por ese hecho meses después fue procesado Lucas Matías "Monedita" Núñez. La pesquisa del doble crimen tuvo entre sus hipótesis la de una venganza por el crimen de Colli, ya que Leandro era hermano de Cristian Ojeda.

"Cada homicidio que hubo después del de Claudio lo relacionaban con él. Y eso nos dio mucho más dolor aún, porque mi familia no tuvo nada que ver, sobre todo en lo de Triana. Mi hijo era amigo de un tío de la nena, iba siempre a la casa de su abuela. Ellos saben que Claudio quería mucho a esa nena y a él también lo querían mucho", sostiene Cristina, y agrega que el joven procesado por ese doble crimen "no era de la zona" y que tal vez ese brutal episodio no tuvo nada que ver con las barras de Centeno y Ameghino.

Insistir. Desde que su hijo fue asesinado Cristina no dejó de ir a Tribunales a aportar información sobre los sospechosos, en general datos que recababa en su barrio. Y en los últimos meses aportó más información que obtuvo del Facebook. "En el barrio —recuerda— decían dónde podía estar. Pero además él pasaba en moto haciendo lo de siempre. Todos lo veían y nadie lo atrapaba. Mis hijos me decían «para qué vas a Tribunales si no hacen nada». Pero no dejé de insistir porque quise que ellos creyeran en la justicia. Me costó muchísimo lograr que se sacaran el odio y espero que con la detención de este chico se haga justicia".

"En el CAJ me ayudaron mucho en estos años. Quiero agradecerles a ellos y a la TOE por la detención de ese chico", dice, aun convencida de que si ella no hubiera insistido tanto no habrían atrapado al sospechoso. "Espero que se haga justicia. Ahora dicen que el que mató a mi hijo fue Leo (por Leandro, el hermano asesinado de Ojeda) y echarle la culpa a un muerto es espantoso".

—¿Pudo saber por qué mataron a su hijo?

—Hasta ahora no. Se dijo que porque ayudaba a los chicos a salir de la droga y eso molestaba a quienes lo mataron. También que era por una pelea en un baile. O que fue un error porque tenía un pantalón de un amigo de Las Flores al que mataron una semana después. Pero nada de eso me convence, aún no sé por qué lo mataron. Ahora quiero saber la verdad, pero también tengo sensaciones distintas: por un lado estoy contenta porque lo agarraron. Pero empiezan a aparecer preguntas: ¿por qué pasó? ¿De qué me sirvió luchar tanto por justicia si ya no tengo a mi hijo? Me voy dando cuenta de que estoy con las manos vacías y que siempre será así.

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