Domingo 04 de Octubre de 2009
Muy a menudo y frente a tanta violencia protagonizada por jóvenes, solos o en banda, decimos que la juventud está perdida. Pero en realidad, cuando alguien se extravía es porque quedó sin guía, sin mojones o señalamientos a seguir. Más allá de la irrenunciable responsabilidad de cada joven, creo que hay toda una generación que le es deudora de valores y parámetros éticos donde ellos puedan sustentar y elevar sus existencias. Son frutos de una sociedad hipócrita, fría, injusta y violenta, que dando sus espaldas a Dios y a los principios eternos guiadores de la vida, camufla sus transgresiones con toda clase de eufemismos. Inmersos en ella, muchos jóvenes deambulan en total crisis de identidad, con sus vidas carentes de sentido y propósito trascendentes, buscando contención, pertenencia, amor verdadero y significación personal para llenar el cántaro vacío de sus almas. ¿No será la violencia, un desgarrador grito de auxilio? Si bien hay padres responsables, preocupados por sus hijos, hay una gran mayoría que ha desertado en su función formadora de valores, desde el propio ejemplo, en aquellos a quienes convocaron a la vida. Es que es realidad, nadie da lo que no tiene.
Raquel Pierri
raquelpierri@hotmail.