Viernes 16 de Septiembre de 2022
“Creo que es un espectáculo, no sé si sanador, pero sí medio catártico, que persigue la idea de asumir, madurar, no enroscarse en el dolor y el drama, sino trascender”. Así se refirió la cantante y compositora rosarina Sandra Corizzo a “Te amaré nunca más”, el espectáculo que estrena junto a Reynaldo Sietecase, este sábado, a las 21, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).
En la propuesta, que sucede a su anterior trabajo compartido “El amor muerde”, las canciones de Corizzo se complementan con los poemas del periodista y escritor en una invitación a subirse a la vertiginosa montaña rusa que suelen ser las despedidas, donde no falta el drama, pero tampoco el humor.
¿Cómo va a ser este segundo encuentro con Reynaldo Sietecase?
Se llama “Te amaré nunca más”, título que me parece un hallazgo de Reynaldo. Teníamos “El amor muerde”, que es el espectáculo anterior, que era una especie de banquete amoroso, y en este caso estamos hablando de las despedidas. Básicamente es un compendio de todos lo modos para despedirse o separarse en una relación amorosa. Vamos a entrelazar poemas suyos con canciones mías y además tenemos la dirección de Mariela Asensio, que es una dramaturga y actriz muy grosa de Buenos Aires, con Marina Lovece en audiovisuales y el vestuario de Vessna Bebek. En este caso con una puesta más cuidada, con cuestiones que le suman al resultado final.
¿Para las despedidas, que es el tema que tocan, hay que pensar mejor la puesta en escena?
Hay algo de eso... Son escenas por las que hemos transitado a cierta edad casi todo el mundo, porque ¿quién no tiene un ex? (risas) Se trata de poder mirarlo a este lugar de mucho dolor con miradas más amorosas para con uno mismo, con el respeto de nuestras canciones y poemas porque siempre tuvimos cosas parecidas sobre estos temas, que dialogaban. También es una mirada con cierto humor, por momentos más oscuro, o crítico, irónico, liviano o de bastante intensidad. La idea es mirar esos conflictos para sanarlos como dice una de las canciones que propongo que se llama “Los elefantes” justamente tomando la metáfora del elefante que ocupa mucho espacio para preguntar si vamos a reconocer presencia de ese elefante que está en la habitación y no queremos ver.
El espectáculo revisa las etapas arquetípicas: la sorpresa, la ira, la depresión y la asunción.
Puede haber algo de eso, pero en lugar de estar pensado como etapas de una misma separación como distintos modos de separarse, o distintas escenas arquetípicas de una separación, o una relación amorosa. La verdad es que se dan además diálogos muy interesantes, algo que ya pasaba en “El amor muerde”, entre los poemas de Reynaldo y las canciones.
¿De qué manera se vinculan las canciones con los poemas?
Creo que en un punto es una mezcla entre caótica y orgánica, como la misma construcción de los poemas y las canciones que a veces tienen algo de inspiración como una lamparita que se enciende y que vos decidís qué vas a hacer con eso. Nos guiamos mucho por las intuiciones, compartimos las cosas y tratamos de ver con qué nos resuena, con qué se relaciona y después ver qué es lo que no está para construirlo, terminar escribiendo una canción, o Reynaldo un texto por alguna resonancia del otro.
¿Escribieron algo especialmente para este espectáculo?
Sí, eso además de otras cosas que ya estaban. De hecho, hay canciones muy viejas, de mi disco “Aveimán” y de “Qué se puede hacer salvo ver (películas)” y también hay cosas muy nuevas porque la misma obra lo va pidiendo. Ahí nos pusimos a trabajar individualmente y en conjunto. Mariela ofició mucho para ponernos algunos límites o reforzar algunas imágenes. En un momento también nos daba duda porque es intenso ponerse a hablar de despedidas en un momento pospandemia, donde todo el mundo se estuvo despidiendo y donde algunas despedidas pesaron y pesaron mucho, incluso en mi caso, que tuve despedidas familiares y amistosas, como también las tuvo Reynaldo. Por supuesto no estamos hablando de eso, pero no deja de ser una especie de sobre llovido mojado. Pero me parece que lo que está muy piola es que no se genera eso. Ese era un temor, pero el resultado es muy bueno porque hay síntesis, está muy claro el punto y también hay mucho humor. No se toma a la ligera, pero tampoco es puñal en lo más mínimo. Justamente es para eso, sanarlo, mirarlo y tratar de pensar que lo bueno es ver a fondo las emociones que después pasan, y eso aligera la mirada sobre un tema que está muy llevado al extremo de lo negativo.
¿Por qué hablar de despedidas?
Ya habíamos hablado del amor, entonces dijimos hablemos del desamor. En un momento también esta girando la idea del amor después del amor y diversificar hacia los distintos tipos de amor. El otro espectáculo terminaba con “Lucero”, una canción que hice con Jorge Fandermole, una canción de amor-amor. Pero empezamos a tirar ideas hace muchos años para hablar del desamor desde antes de la pandemia. Quedó varado y a comienzos de este año lo terminamos.
¿Estrenás alguna canción escrita para este show?
En este espectáculo sí, en el otro había algunas versiones, pero Reynaldo insistió en que la música fuera toda mía así que terminé componiendo varias canciones que serán estrenos. Acabo de sacar un single que se llama “Salvavidas” que hicimos con Dani Pérez, pero además el próximo single que saldrá y que se llama “Futuro potencial” es un trabajo que hicimos con Dani y también lo voy a incluir. Hay un link entre temas estrenados, los que están por salir y dos que no los toqué nunca y uno que lo toqué una sola vez. Son diez canciones y diez poemas para contar las despedidas. Es una especie de enciclopedia de escenas de despedidas. Además creo que nos quedamos cortos porque hay tantos modos de despedirse como personas en el mundo y etapas de las vidas de las personas. No te despedís igual del novio cuando tenías 20 años que de otra persona con la que hace 30 años que estás. En cada circunstancia y en cada edad se puede vivenciar de distintas maneras.
Y en cada época: hoy te dejan por WhatsApp o te bloquean.
Había un bloque en “El amor muerde” en el cual hablábamos literalmente de eso. Estábamos hablando de las canciones de amor, y del último café, y Reynaldo decía eso, que hoy te dejan por WhatsApp y yo le decía, pero antes de dejaban por teléfono y cantaba “Hoy no me llamó” del Paz Martínez (risas). De algún modo tomamos cosas como punto de inicio para seguir esa conversación entre el primero y el segundo espectáculo, no de una forma tan pensada sino como algo orgánico. Creo que es un espectáculo no sé si sanador, pero sí medio catártico, que persigue la idea de asumir, madurar, no enroscarse en el dolor y el drama, sino trascender.
¿Cómo cambiaron las relaciones a partir de los movimientos feministas?
Con respecto a eso voy a partir de la base de que no tengo la capacidad real de opinar al respecto, es sólo mi opinión y esa opinión no significa que yo sé. Yo puedo hablar de mi obra, pero en temas más sociales me cuesta mucho hablar genéricamente porque el hilo es muy delgado. Aclarado esto, creo que estamos en una etapa de transición entre la energía femenina y masculina y que necesita sí o sí un equilibrio, más allá del género de la persona. Dentro de eso, creo que lo que se está poniendo en jaque, enhorabuena, son los juegos de poder manipulatorios, eso de yo te como la cabeza y vos me comés la cabeza, o nos vamos turnando (risas). Por eso digo que se podría trascender esas escenas como un proceso de sanación.