Murió la mujer atacada con fuego por sus sobrinas adolescentes en Alvarez
Estaba internada hace dos semanas. Tenía 35 años. Las chicas que la agredieron, 14 y 16. La mayor de ellas está detenida. Ambas enviaron cartas pidiendo perdón a la familia y a la escuela

Domingo 16 de Agosto de 2009

La historia de Maira Graciela Sandoval, la mujer que fue atacada con fuego por dos sobrinas de 14 y 16 años en su casa de Alvarez, sigue conmoviendo a los habitantes de esa localidad ubicada a unos 30 kilómetros al sur de Rosario. Ayer trascendió que la víctima falleció el viernes a la tarde tras soportar una agonía de casi 20 días con el 60 por ciento del cuerpo quemado. Pero también que las dos chicas implicadas en el hecho escribieron al menos dos cartas en las que pidieron perdón por lo ocurrido. Una de las esquelas llegó a manos de una de las hijas de Maira, y a la vez prima de las adolescentes, y otra a la escuela local donde concurrían hasta el día del hecho, que es la misma a la acuden los hijos de la víctima.

R., de 16 años, está a disposición de la jueza de Menores de Rosario María del Carmen Musa, alojada en un penal para adolescentes. B., de 14, no es punible por la edad y fue restituida a su familia. El episodio ocurrió el martes 28 de julio y tuvo como telón de fondo una supuesta relación sentimental entre el padre de las chicas y la víctima, que eran cuñados. Sobre el mediodía, las menores llegaron a la casa de Maira, en Juncal al 100, en el barrio Fonavi de Alvarez, visiblemente ofuscadas por la infidelidad que sufría su madre y a pedirle a Maira que dejara de ver a su padre.

Aquel día, después de proferir algunos insultos se retiraron, pero volvieron más tarde, cerca de las 17, y la situación pasó a mayores. Toda la escena se desencadenó delante de los hijos de la víctima. B. y R. se presentaron en el lugar a los gritos pelados y cuando Maira salió a enfrentarlas, una de ellas la empujó y la tiró al piso. Enseguida la rociaron con una mezcla de nafta y aceite y le prendieron fuego.

La escena. Fue una situación angustiante. Varios de los ocho hijos de la mujer intentaron socorrerla al verla correr con desesperación por la casa intentando desprenderse de la ropa en llamas. La víctima nunca pudo recuperarse de las lesiones por el 60 por ciento de su cuerpo fue afectado por el fuego, y el viernes falleció en el Hospital Centenario de Rosario.

"Espero que ahora se haga justicia. Estoy seguro que hubo una persona adulta detrás de estas chicas. Nunca pudieron haber hecho eso por sí solas, sin que alguien las incentivara. Espero que los jueces se hagan cargo e investiguen y llegar hasta el fondo de todo esto", afirmó Severo Sandoval, el hermano mayor de la mujer fallecida, un rato antes del sepelio que se concretó cerca de las 17 en el cementerio comunal de Alvarez.

El familiar de la mujer fallecida está convencido que lo ocurrió no fue un arrebato inesperado de violencia de dos adolescentes. "Esto no fue el trabajo de un día. Esto fue tramado muchos años atrás, y hay una tercera persona detrás, que las chicas por supuesto deben saber" , añadió. Severo habló con este diario y, al igual que lo hizo el día del ataque, demostró una mirada compasiva, sin rencor hacia sus sobrinas.

"Me dan mucha pena porque son criaturas. Van a la misma escuela, la Fiscal Nº 122, que los hijos de Maira", expresó el hermano de la víctima. "No he tenido más contacto con ellas y su familia. Me enteré que escribieron cartas en la que pidieron perdón por lo que habían hecho. Una la recibió Andrea, una de las hijas de Maira, y la otra la enviaron a la escuela", manifestó Severo, quien agregó que no tuvo ningún otro contacto con los familiares de las chicas.

"Lo de mi hermana ocurrió un martes y me crucé con la mamá de las chicas el jueves, pero ni siquiera nos miramos. En ese momento estábamos todos concentrados en Maira y en atender a mis sobrinitos", recordó el hombre.

El cuidado de los chicos. Severo contó que los Sandoval son muchos de familia. "Somos todos muy unidos y estuvimos de inmediato al lado de los hijos de Maira, que tienen entre 4 y 16 años. Somos muchos hermanos y nos organizamos para atenderlos. Algunos se turnan para darles de comer, otros los llevan a la escuela, nos encargamos de que no les falten nada. Pero igual los chicos sufrieron un montón. Esto que pasó nos partió a todos en dos".