¡Mujeres gloriosas!
"Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América". Estas palabras que aún resuenan en los oídos del mundo, fueron dichas por el Papa Francisco en su homilía pronunciada en el célebre...

Miércoles 22 de Julio de 2015

"Dios bendiga a la mujer paraguaya, la más gloriosa de América". Estas palabras que aún resuenan en los oídos del mundo, fueron dichas por el Papa Francisco en su homilía pronunciada en el célebre santuario de Caacupé el sábado 11 de julio pasado. Se refería a la heroica actitud que adoptaron las mujeres del país guaraní, a partir de la finalización de la nefasta Guerra de la Triple Alianza que arrasó humana, material y económicamente al Paraguay, en aquella desigual confrontación que los paraguayos libraron contra las fuerzas conjuntas de Brasil, Argentina y Uruguay. No dudo que la cultura del Papa Francisco le permite conocer los pormenores de esa guerra en la que paradójicamente, fue el jefe derrotado quien inscribió su nombre en la historia con caracteres de héroe. Me refiero al mariscal Francisco Solano López, "soldado de la gloria y del infortunio" al decir del escritor paraguayo Arturo Bray. Campamento Cerro León, Corrales, Tuyutí, Curuzú, Curupaytí, Humaitá, San Fernando y Lomas Valentinas, fueron algunas de las negras cuentas enhebradas en un extenso y dramático rosario de destrucción y muerte. En Campamento Cerro León se alistaron las huestes paraguayas al mando de Solano López; y en Cerro Corá, en las barrosas aguas del arroyo Aquidabán ningüí, el mariscal fue masacrado por una patrulla brasileña en marzo de 1870, luego de no querer huir a las tolderías de los aborígenes que le ofrecieron esconderlo. Fue el fin de una cruenta lucha que desintegró al floreciente Paraguay de 1864, año en el que comenzó el lamentable conflicto bélico que derrotó al país en varios frentes, menos en el de la dignidad y la firme decisión de ponerlo de pie. La Triple Alianza diezmó a la población masculina; por eso las indómitas mujeres paraguayas, sobre el dolor de sus maridos, hijos y nietos, levantaron la bandera roja, blanca y azul de la difícil recuperación nacional. El recibimiento de Paraguay al Papa fue a pura emoción; con el colorido, la gracia y la belleza de "las galoperas", y los acordes de esa música inconfundible que no pudo silenciar la guerra. De ahora en más, cada vez que se escuche la clásica polca de Federico Riera (oriundo de Asunción): Virgen de Caacupé; en cada palabra, en cada nota de esa canción que traduce musicalmente el arpa guaraní, estará impresa la sonrisa bondadosa y alentadora del Papa Francisco.

Edgardo Urraco