Mucho más que un derrumbe
Tragedia en mi ciudad. Un edificio ha caído, hay muertos y heridos. Pero además “ausentes”. Se los está buscando. No son “desaparecidos”, son “ausentes”. Quizá porque aparecerán rápido –para bien o mal–. 

Lunes 12 de Agosto de 2013

Tragedia en mi ciudad. Un edificio ha caído, hay muertos y heridos. Pero además “ausentes”. Se los está buscando. No son “desaparecidos”, son “ausentes”. Quizá porque aparecerán rápido –para bien o mal–. Los otros, los ausentes de hace mucho tiempo, van apareciendo como pueden... con un silencio que duele. Este, porque hay mucho dolor y poco por decir. Mejor esperar. El otro, porque hubo mucho dolor y fue difícil decir. Se esperó y aún se espera.
Un edificio destruido duele como mil muertes. Toda una vida arriba –o abajo- de otros. Escuchándose. Escuchándonos. Charlas subidas de tono. Tacos que golpean. Muebles que se arrastran. Llantos de niños en horas de sueño. Y sueños que aunque no se escuchan, se huelen y se comparten… una casita con patio y parrilla. Un perro que ladre pero de alegría. Un atardecer con sol en el horizonte.
¿Te acordás del 11-S? Fue allá lejos. En el norte. Dos torres derrumbadas. Las más altas. Lo vimos por TV. En directo. Otro país. Más poderoso. Diferentes causas. Pero el mismo dolor. Historias de vida. Tan chiquitas y tan grandes como nuestras vidas. Ahora vuelven imágenes de ese pasado y duele más aún.
Caen también las piedras de la Amia y de la embajada de Israel sobre mi cabeza. ¿Quiénes fueron? Lo sabremos. Los que están o estén no lo dejarán olvidar. Las pérdidas son parte de la existencia. Las propias siempre duelen. Las de los otros a veces duelen más. Un pedacito de nuestra vida se fue con nuestro vecino. Cómo me gustaría protestar porque tu hijo no me deja dormir. Y porque tu música no me permite estudiar. Y porque tu despertador suena tan temprano. Y porque escucho hasta cuando roncás. Sí, me gustaría…
Los que lo tengan, disfrútenlo.

Sergio Lupo
DNI 11871343