Domingo 01 de Febrero de 2009
Pisando los 90 años, mi padre falleció el pasado 24 de diciembre. Pasó sus últimos cinco días en la sala de terapia intensiva del sanatorio Plaza. Le llevamos todo el amor que siempre tuvimos por él y sabemos que el equipo completo del sanatorio lo rodeó de óptimos y tiernos cuidados sabiendo que estaba despidiéndose de la vida.
Toda esa gente del Plaza, así como el equipo del Sanatorio Los Arroyos que lo atendió tantas veces, el Hospital Español y el Instituto Gamma, adonde nos recibieron con igual profesionalismo, merecen este reconocimiento público. Los avances de la ciencia y la técnica permiten hoy alcanzar un promedio de vida mayor. Pero todo sería inútil si no existieran médicos como Jorge Medín, Efraín Hutt, Norberto Villarreal, Idelmo Nicola, Guillermo Ravizzini, Ricardo Chiappo, Pablo Weiss, Simón Palatnik, Juan Alliani, Francisco Duret, José Quintana, Geraldine Luetich y Corina Leiba. Más, los a veces anónimos médicos de los servicios de emergencia, en nuestro caso el 435-1111, que han sido verdaderos "ángeles de la guarda" en madrugadas heladas y tardes oscurecidas por el dolor. Más tantos otros nombres que injustamente olvido en este momento pero a quienes llevamos en el corazón.
Desde la sonrisa del chofer de la ambulancia, pasando por paramédicos, enfermeros, camilleros, mucamas, nutricionistas y asistentes de diversas áreas, todos, absolutamente todos tienen nuestro inmenso cariño y profundo agradecimiento.
Susana Tealdi