Sábado 16 de Junio de 2012
Por este medio quiero dirigirme al director del Sanatorio Julio Corzo. Generalmente la conducta humana hacia el prójimo es recordar y magnificar los malos momentos que otros le hacen pasar y de olvidar o dejar de lado las buenas acciones que recibimos, como si esto fuese una obligación que los otros deben tener hacia nosotros. No quisiera incluirme en este grupo de individuos olvidadizos y desagradecidos, sino expresarle al director de este nosocomio el reconocimiento a la vocación y profesionalidad de todo el personal que atendió a mi esposa Raquel Giordanengo, quien estuviera internada por Pami entre los días 8 al 18 de mayo del corriente en la habitación 607. Tanto el cuerpo médico, enfermeras y demás personal auxiliar, se brindaron con cariñoso respeto que no ha pasado inadvertido por cuantos estuvimos acompañando a Raquel durante todo el tiempo de su internación. Más aún, en los últimos minutos de su vida, mi familia directa, que estuvo presente, ha podido comprobar la atención que se le brindara con la urgencia y esmero que la compleja emergencia requería. Y finalmente, la información que con sentimiento cálido, oportuno y respetuoso nos dieron con la noticia final. Por su intermedio quisiera que haga llegar mi más sincera gratitud a todo el personal del piso y al personal administrativo que atendieron durante esos largos diez días a mi esposa Raquel. Solo me queda por decir muchas gracias de todo corazón.
Guillermo B. Callejas