Domingo 04 de Septiembre de 2011
El nuevo marco regulatorio para la biotecnología en la Argentina entusiasma a las grandes compañías del sector. La estadounidense Monsanto es una de las firmas que se prepara con fuerza para el desembarco local de sus próximos lanzamientos globales orientados a la mejora de los cultivos, especialmente en lo referente a soja, un segmento que abandonó en 2003 en medio de la polémica por el cobro de regalías para esta nueva tecnología.
Los creadores de la soja resistente al glifosato o soja RR hoy trabajan en sus laboratorios centrales de Estados Unidos en nuevos eventos biotecnológicos para lograr cultivos con toleranacia a sequía, mayor rendimiento, resistencia a enfermedades, utilización del nitrógeno, resistencia a nematodos, manejo de malezas con otros herbicidas como el dicamba y una nueva generación de control de insectos. Pero atendiendo a que para todo esto aún faltan algunos años más, en el corto plazo Monsanto lanzará en el país su nuevo caballito de batalla para América del Sur, que el año que viene ya estará disponible en Brasil, la nueva generación de soja: la RR2 que además de tener protección al glifosato logra un aumento del rendimiento de entre 10 y el 15%.
Pablo Vaquero, vicepresidente de Monsanto Latinoamérica Sur, explicó que aunque hoy el negocio de la compañía está sustentado en las semillas de maíz estarán volviendo a traer nueva tecnología para la producción de soja si se consolidan los cambios en el sistema regulatorio y toda la cadena redefine cómo le pagará una compensación económica por la llegada de los nuevos genes a estas latitudes.
—¿Los cambios en el sistema regulatorio para la aprobación de nuevo eventos biotecnológicos en Argentina cambián la reglas de juego para Monsanto?
—Lo que pasó en los últimos tres años es que los cambios que se producen no son sólo en la Argentina sino regionales. En Brasil implementaron un sistema regulatorio muy eficiente, rápido en la aprobación de eventos biotecnológicos y la Argentina se enfrenta al desafío de darle competitividad a sus productores y está tratando de lograr una sincronización con su vecino. Esto se logra con un trabajo entre ambos gobiernos a través de la firma de compromisos para que en el futuro los dos países puedan lanzar la misma tecnología en simultáneo. Esto presenta la competitividad de nuestros productos como algo de relevancia regional y no de cada país. En realidad no hay un problema de competencia entre Argentina y Brasil sino que hay un problema de competencia de Sudamérica con China, India, Europa, y ahí es donde es importante trabajar en forma regional y combinada en Sudamérica para que nos permita competir en forma coordinada y crecer a toda la región al mismo tiempo. Por eso, el Ministerio de Agricultura está poniendo en práctica una nueva resolución para acelerar los trámites en la Conabia y el ex Senasa y así poder ponerse al mismo nivel en la aprobación de eventos en maíz, soja y algodón.
—Más allá de la aceleración de las aprobaciones a las compañías les interesa poder cobrar regalías, Monsanto desde el año pasado está comprometiendo a los productores a pagar un adicional para traer la soja RR2 al país. ¿Este será el sistema que se viene?
—Claramente hay una necesidad de los productores de contar con nuevos eventos, también hay una voluntad de las empresas de biotecnología de poner estas tecnologías en mano de los productores. El tema es cómo hacerlo de forma tal que el productor pueda contar con ellas para producir más y al mismo tiempo, las empresas reciban una compensanción que les permita seguir invirtiendo. Esto ocurre principalmente en cultivos autógamos de algodón y soja que es donde está el principal problema. Seguramente donde está el impacto es en soja. Lo que ocurrió es que la industria en su conjunto, la semillera y de germoplasma, han trabajado para desarrollar un sistema para que el productor pueda acceder a nuevas tecnologías y al mismo tiempo exista un sistema justo de compensación que haga que juguemos todos con las mismas reglas. Lo que ocurrió es que Monsanto en particular dentro de este esquema comenzó a firmar acuerdos con los productores para ver si están de acuerdo con el sistema y tener una retroalimentación. Es un camino largo, hay que hablar con cada uno y explicarles cómo queremos hacer las cosas, pero esto nos va a conducir a una solución más sustentable para todos. Se está diseñando un sistema en el que intentamos recibir el aporte de todos los actores del negocio de manera que sea aplicable y no represente un costo mayor.
—¿Qué grado de aceptación entre los productores tiene la firma del compromiso para el pago de la nueva tecnología?
—Nos llevamos una gran sorpresa cuando comenzamos las conversaciones con productores sobre esta tecnología cuyo nombre comercial es “Intacta”, que tiene resistencia a insectos y a herbicidas en la misma planta de soja y se va a lanzar comercialmente en Brasil el año próximo. Donde se puede contar con ella más rápido es en el norte del país porque muchas de las variedades que se están desarrollando para el sur de Brasil pueden ser rápidamente adaptadas. La grata sorpresa es que más del 84% de los productores de soja del norte han firmado el acuerdo.
—¿Qué beneficios aporta a la agricultura la soja RR2 ?
—Según los ensayos en Brasil Intacta está mostrando rendimientos que van del 10 al 15% según la zona agroecológica, el tipo de variedad y el ataque de insectos pero aporta muchísimo valor. Y por eso pensamos ¿qué pasaría en Argentina si en los próximos años podríamos tener un 10% más de producción de soja?, estaríamos hablando de 5 millones más de toneladas. El impacto es muy grande y estamos hablando de una sola tecnología, pero están otras que las demas empresas querrán incorporar.