Viernes 21 de Febrero de 2014
Leyendo las cartas de lectores de la señora Marcela Cejas (“Pobres jubilados”, 17/2/14) y del señor Roberto Loria (“Jubilados, la clase pasiva”, en la misma fecha) entendí que desde dos relatos diferentes plantean un problema común: el de los jubilados nacionales que padecen sus salarios y son torturados por una obra social (Pami), que por cierto no es gratis, ya que viene descontada de sus haberes. Denoto en ambos la común tristeza ante la feroz injusticia que todos conocemos, aún los que aplauden los establecidos aumentos denigrantes o festejaron oportunamente el veto presidencial del 82 %. Lo que me llama la atención es la diferente actitud que toman los escritores. La señora aparenta haber bajado los brazos resignada y dolida ante la falta de respuestas justas. El señor, en cambio, habla de un proyecto para salir de la situación. Primero invita a tomar conciencia de que son más de siete millones de jubilados en esa mísera situación, y segundo, incita a una lucha a lo Ghandi para lograr alguna respuesta. Me inclino por lo que promueve el señor. No debemos permitir que la situación se prolongue. Exijamos en paz que actúe la Justicia, si los otros dos poderes no pueden o no quieren hacer nada. Y rápido, porque están jugando con el tiempo de vida de los siete millones de argentinos que de lo único que se los puede acusar es de que vivan hasta edades incalculadas a las que la ciencia, no sin esfuerzo, logró hacerlos llegar.
Edith Michelotti