Viernes 21 de Enero de 2011
El domingo 16 del corriente, a las 21.30, tomé el micro de Empresa Argentina que salía desde Mar del Plata con destino a Rosario. Viajaba con mi hijo de 6 años, quien comenzó a sentirse mal y vomitó en reiteradas oportunidades. Me dirigí hacia los choferes para comunicarles lo que estaba pasando en la parte de arriba con el propósito de obtener algún tipo de asistencia, y solicitarles elementos para limpiar los pasillos del colectivo. No mostraron ningún tipo de interés por lo sucedido; ni hablemos de la posibilidad de parar el micro. Dado la época y la demanda de transporte, es de público conocimiento la extremada exigencia con la que deben cumplir el horario de llegada. Si bien soy consciente de esto, no me parece justificativo suficiente cuando se trata de la salud de mi hijo. Los señores empleados de la empresa que tanta publicidad hace sobre la excelencia de su servicio, no sólo no subieron a interiorizarse sino que me hicieron bajar para buscar diarios para limpiar, tarea que por supuesto tuve que realizar yo y sin agua, ya que en el baño no había. Es muy fácil prestar un buen servicio cuando todo se presenta de manera normal y prevista. Es ante las situaciones fortuitas cuando se ve realmente la seriedad y responsabilidad de una organización. Yo me pregunto: ¿mi hijo fue el único que se descompuso entre los miles y miles de pasajeros que viajan a diario? ¿es poco común que esto ocurra, como para que no estén preparados? Agradezco a algunas de las pasajeras que me ayudaron con el nene en todo momento, y manifiesto mi rotunda disconformidad hacia Empresa Argentina por la atención no recibida por parte de su personal.
Luciana Belén López
DNI 24.980.303