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Miles de indignados tomaron las calles en 100 ciudades de Brasil

Miles de brasileños se volcaron a las calles de unas 100 ciudades del país para exigir servicios públicos de calidad y denunciar los gastos del Mundial de Fútbol 2014, pese a una ola...

Viernes 21 de Junio de 2013

Miles de brasileños se volcaron a las calles de unas 100 ciudades del país para exigir servicios públicos de calidad y denunciar los gastos del Mundial de Fútbol 2014, pese a una ola generalizada de rebajas del precio del transporte. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a su vez, canceló el viaje que tenía previsto la semana próxima a Japón debido a la convulsión social que vive el país.

Tras más de una semana de las mayores protestas que ha visto Brasil en más de dos décadas, los manifestantes no dieron señales de bajar los brazos. Las alzas de las tarifas de transporte que desataron primeramente el malestar fueron revocadas en las dos mayores ciudades del país el miércoles: San Pablo y Río de Janeiro. La persistencia de las protestas refleja lo que se ha vuelto una queja generalizada sobre altos impuestos, inflación, corrupción y malos servicios públicos.

Utilizando el desarrollo de un torneo internacional de fútbol como escenario, también han denunciado los más de 26.000 millones de dólares que saldrán de las arcas fiscales a causa del Mundial del próximo año y los Juegos Olímpicos 2016, dos eventos que buscan mostrar un Brasil desarrollado y moderno.

 

Temerario. Manifestantes provocaron hoy un principio de incendio en los portones del Palacio Itamaraty, sede de la Cancillería brasileña en Brasilia. Según pudo verse en las imágenes de la televisión, un grupo minoritario de activistas arrojó uno o varios objetos hacia el interior del edificio, provocando que las llamas amenazaran con tomar el edificio. Efectivos de seguridad consiguieron apagar rápidamente las llamas incipientes. Los activistas fueron reprimidos por la policía con balas de goma y bombas de gas lacrimógeno. El incidente se sumó a otros enfrentamientos aislados que ocurrieron en Brasilia, donde activistas participan de una protesta que se realiza en forma simultánea en casi un centenar de ciudades del país.

Más de 300.000 personas en tanto rodearon ayer la alcaldía de Río para protestar por el enorme gasto público para el mundial. En Salvador de Bahia, la policía disparó gases lacrimógenos y balas de goma contra manifestantes concentrados a 2 kilómetros del estadio donde se jugaba el partido entre Nigeria y Uruguay por la Copa Confederaciones, quienes les tiraron piedras para intentar traspasar una barrera y aproximarse más al recinto. Al menos un manifestante fue herido por una bala de goma, y también hay un policía herido. Miles de personas corearon consignas contra la presidenta Dilma Rousseff, contra la homofobia y el racismo.

Rousseff, que tenía previsto partir el lunes a Japón retrasó su visita. La presidenta tenía programado en Tokio un encuentro con el premier Shinzo Abe, y ser recibida en audiencia por el emperador Akihito. Igualmente debido a las manifestaciones, la jefa de Estado canceló un viaje a la ciudad de Salvador para anunciar un plan de apoyo a los agricultores en regiones áridas.

Miles más se concentraron en la Iglesia de la Candelaria, en el centro de Río, con el plan de marchar hacia el estadio Maracaná, donde España goleó a Tahití por 10 a 0. "¿Hay mucha gente en el Maracaná? Imagina en la fila de la emergencia de un hospital público?", se leía en una pancarta. La policía impidiendo a usuarios del metro descender en las estaciones cercanas al Maracaná para evitar que se concentraran allí manifestantes, y sólo dejaban pasar a los que exhibían entradas para el partido. Horas antes, comerciantes cerraron las puertas de sus negocios, mientras que bancos y otros establecimientos vallaron sus puertas para evitar que se produzcan los mismos daños que en las manifestaciones del miércoles, que reunieron en la ciudad a unas 100.000 personas.

En Recife, otra sede de la Copa Confederaciones, más de 50.000 personas ganaron las calles, según la policía. A medida que la multitud avanzaba pacíficamente por el centro de la ciudad, la gente les lanzaba papeles blancos desde lo alto de los edificios. Sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos —incluido el gobernante Partido de los Trabajadores (izquierda)— participaron ayer en las marchas, portando sus banderas.

Indignación general. Las protestas, que han dejado perplejo al gobierno de Dilma Rousseff y a la clase política en general, comenzaron exigiendo la revocación del aumento del precio del boleto de autobús, metro y tren. Pero rápidamente sumaron otros reclamos. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes, educados y de clase media, expresan su indignación por el alza del costo de vida y la mala calidad de los servicios, en momentos en que el país, mundialmente famoso por sus programas sociales que sacaron a millones de la pobreza, registra un decepcionante crecimiento económico y una inflación en alza. También denuncian la corrupción arraigada en la política brasileña y reclaman mayores inversiones en educación, salud y seguridad.

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