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Miguel Angel Russo: "Asumo mi responsabilidad"

En un momento complicado, Miguel Russo salió a escena. El nivel de juego, los errores, la floja campaña, los refuerzos, las críticas, las urgencias y todo lo inherente a una situación complicada, donde escasea la paciencia y abunda el malestar.

Miércoles 24 de Octubre de 2012

En un momento complicado, Miguel Russo salió a escena. El nivel de juego, los errores, la floja campaña, los refuerzos, las críticas, las urgencias y todo lo inherente a una situación complicada, donde escasea la paciencia y abunda el malestar.

—¿En qué te equivocaste?

—No soy tan necio como para decir que hice todo bien. Creo que la adaptación no fue tan fácil y con algunos jugadores que trajimos fue más difícil de lo que yo pensaba. No fuimos sólidos porque la verdad es que aún no le puedo sacar el vértigo a este equipo y es lo que más me preocupa. Hacemos todo a mil y eso no me gusta. La paciencia para el juego tiene que ver con la capacidad que tengamos para el manejo y el trabajo de los partidos. Nos falta eso, especialmente de local, que es donde más se nota ese vértigo. No podemos jugar del minuto uno al noventa al mismo ritmo. No existe en el fútbol eso de dejar a todo el mundo contento ganando 3 a 0 a los diez minutos. Sabiendo que no hay tolerancia para el error tendremos que ser más duros, principalmente buscando el equilibrio. Y el equilibrio no se busca con el apuro, sino con la pausa. Tenemos que aprender a tener pausa y a trabajar los partidos. El gol vale lo mismo en el minuto uno que en el 90, el que lo quiera entender bien y el que no, no. La gente, especialmente los más jóvenes, vienen de un montón de frustraciones y el fútbol no tiene memoria porque es el presente. No podemos vivir con una buena memoria y tampoco con una mala. Las dos cosas te llevan a lugares que no son buenos. Tenemos que vivir el presente tal cual es, sabiendo que este es un torneo durísimo y que para este club cada año que pasa no tiene que ser un karma, porque si no es imposible. Si esto sigue así cada vez va a ser peor.

—¿Cómo se hace para recuperar la credibilidad?

—Se recupera con resultados. Ganar la confianza de la gente es clave. Por ahí el único optimista soy yo, pero me baso en mi realidad. Acá pareciera que ya está todo perdido, pero el fútbol da muchas vueltas y tiene muchas cosas y para eso hay muchos ejemplos. Por supuesto que a esta altura no pensaba tener 12 puntos, pero tampoco 30. En mi carrera siempre me hice cargo de todo por eso no le pido nada a la gente ni a nadie. Es mi responsabilidad. Sé que así es muy difícil jugar porque es complicado sacarle el apuro al equipo, mucho menos que empecemos a pensar cómo se trabajan los partidos y cómo se valora un punto, que siempre sirve y en cualquier lado. A ver, no podés empatar el partido y rápidamente sufrir un mano a mano, lo tenés que ir llevando. Estoy convencido de que este equipo genera muchas situaciones de gol.

—Tanto vos como los jugadores insisten en que a la gente no se le puede decir nada, pero ese apuro se genera por lo que pasa afuera.

—Uno conoce bien al hincha de Central y lo entiende. Cada uno en su sector debe buscar bajar el vértigo. Si no es difícil y las consecuencias son nefastas. A mí me corresponde lo deportivo y en ese sentido sé que la cosa la calmamos con resultados. Después están las cosas que hacemos bien y las que hacemos mal. Sabemos que perdimos partidos más por negligencias nuestras que por virtudes del rival. En ese sentido no tengo nada que esconder.

—¿Es un equipo ingenuo?

—No diría ingenuo, sí que es un equipo apurado, que comete errores infantiles y esto hay que decirlo y me hago cargo. Para nosotros no es lo mismo sacar del medio sabiendo que el rival gambeteó tres jugadores y la puso en un ángulo a que sea por un error nuestro. En el fútbol existe el error, pero hay que achicar el margen. Tampoco por un error podemos crucificar a alguien y pensar que no sirve más. Para mí el mejor ejemplo en este sentido es Emiliano Papa, que luchó contra todo y soportó cosas feas, pero se sobrepuso, rindió, fue a Vélez, campeón, jugó en la selección y será DT de inferiores en Vélez por cómo lo quieren. Y eso que era otra etapa, en la que jugábamos copas internacionales. En este club, como primera medida, tenés que tener temple, pero para jugar no para agarrarse a trompadas.

—¿En qué te basás para creer que esto es remontable?

—Confío en mí y sobre todo en mis jugadores. Cuando cumplamos algunas de las cosas que estamos buscando lo vamos a empezar a revertir. Lo digo con un convencimiento total. Hay un montón de cosas que veo pero que los resultados no se las deja ver a los demás. Nada se puede justificar desde los malos resultados, pero veo muchas otras cosas. No veo todo negro. Soy optimista por naturaleza y tengo temple, si no no hubiese dirigido este club.

—Tenés jugadores frustrados porque no ascendieron, juveniles que no eran tenidos en cuenta y refuerzos que no parecen ser tales. ¿Cómo se potencia todo?

—Vivimos potenciando todo eso. Central te lleva 24 horas. Uno está para esto. Algunos sienten el castigo innecesario y otros lo superan. En el medio están los chicos que van sintiendo que se les da la importancia que en otras épocas no tenían, pero que tienen que entender el mensaje. Pero a la hora de potenciarlos hay que hacerlo con todos por igual..

—Pero hay errores elementales.

—Sí, y el primero que se hace cargo soy yo porque no soy de echarle la culpa a los jugadores. Son errores infantiles y es lo que más irrita. Si el rival me hace un golazo es una cosa, pero si el error lo cometo yo es mucho peor, y más en este momento. Todo se corrige bajando el vértigo y achicando el margen de error.

—¿Pero varias veces hiciste gala de la verticalidad del equipo?

—La verticalidad tiene que existir, pero tenemos que saber elegir el momento para serlo, que es lo más difícil. Quiero un equipo vertical, pero que trate bien la pelota. Tanto de local como de visitante nunca sufrimos un defensor que pase al ataque y te sorprenda, sino que juegan al error nuestro. No es ni siquiera una cuestión táctica, es el apuro nuestro. Con el apuro y el vértigo dejamos de ser inteligentes.

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