Edición Impresa

Miguel Angel Estrella: "Mi guerra es estudiar cinco horas por día"

El mundo de Miguel Angel Estrella no tiene fronteras, ni tiempo, ni edad. Pero sí tiene sonidos, compromiso social, nostalgias, un pasado en el exilio, y música, mucha música. "Mi guerra...

Viernes 17 de Mayo de 2013

El mundo de Miguel Angel Estrella no tiene fronteras, ni tiempo, ni edad. Pero sí tiene sonidos, compromiso social, nostalgias, un pasado en el exilio, y música, mucha música. "Mi guerra cotidiana es poder estudiar el piano cinco horas por día", le dice a Escenario en un tono relajado, típico de su procedencia tucumana.

Junto a su Cuarteto Dos Mundos, el talentoso pianista se presentará mañana, a las 21, en el teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río).Del tango al folclore, de allí a la música litúrgica y la clásica y también a la canción latinoamericana. Ese será el recorrido que desarrollará en escena junto a su hijo Javier, Narciso Espinosa y Raúl Mercado, con un repertorio que incluye clásicos de todos los tiempos y géneros.

Estrella hace que la entrevista se convierta prácticamente en un monólogo, pero está lejos de aburrir a quien lo escucha. Es que ese arco vivencial de pasado, presente y futuro atraviesa sus reflexiones, en las que la música será el común denominador. Pero, claro, siempre hablará de música "por la causa", como a él le gusta decir, en alusión a su gestión solidaria, y a su labor de embajador argentino ante la Unesco y fundador del proyecto "Música Esperanza".

La nostalgia familiar acciona de disparador. Todavía lleva en su memoria una frase materna que lo acompaña de por vida: "Mi madre me decía «no acumules herrumbre en el alma, porque no te dejará vivir ni ser feliz». Es una cosa fantástica. Mirá, Arthur Rubinstein, un gran pianista del siglo XX, nos decía que hay que estudiar todos los días, porque cuando uno no estudia y tiene que tocar a la noche se siente que la mano no es la misma de ayer".

Amante del fútbol, su ejemplo sigue con su pasión por la redonda: "Porque Maradona se entrenaba todos los días, Messi también lo hace todos los días, y nosotros también. Cuando uno da su concierto y no estudió, siente que no dio lo mejor porque no tenía la maquinaria bien aceitada. Al primer día se dan cuenta los colegas, al segundo los críticos y al tercero el público, y eso es el fin".

El estudio y la satisfacción de hacer lo que uno ama tiene línea directa con la perseverancia. "Hay que buscar el sonido, y eso es un placer. Me encanta estudiar de la mejor forma posible, por eso mi guerra cotidiana es estudiar cinco horas por día, y te quería comentar esto, porque, como decía mi madre, lo hago para no acumular herrumbre en el alma", destaca en un cierre casi guionado.

Por momentos, Estrella habla como si estuviese en una charla abierta para el público, pero extrañamente tiene un tono de intimidad, como si fuese un amigo de toda la vida. Y da gusto escucharlo. Por eso sus asociaciones expresivas son casi imposibles de interrumpir, porque se van hilando con el devenir de las palabras, mágicamente, lo mismo que su música con el Cuarteto Dos Mundos.

—¿Le puso Dos Mundos al cuarteto porque tocan tanto para el mundo de poder adquisitivo como para el mundo carenciado?

—Un poco por eso, pero con este grupo le encontramos la vuelta de combinar distintos ritmos, como una zamba con una danza rusa, por ejemplo. Mire, una vez estábamos cantando un negro spirituals, «Crucifixión», una maravillosa canción, y la gente decía «están rezando». De ahí en más, en cada fiesta, nos pedían que vayamos con Marta (su mujer, cantante, fallecida en 1976), y a lo largo de 35 años de casados nos pedían que cantemos eso. Porque la nostalgia es una cosa... Un día en que teníamos los dedos morados de la violencia con la que tocábamos en el exilio, dije «paremos muchachos, voy a tocar algo refinado, sensual», y toqué la «Habanera» de Ravel y el que tocaba el bandoneón dijo que eso era tanguero, así que arrancamos con «El choclo» y los 15 que estábamos ahí empezamos a tocar tango. Eso fue lo que empezamos a trabajar en el cuarteto, las complicidades del tango con Ravel, y otras, como las de Bártok con las canciones de pastores, o las danzas de Bártok con una chacarera. Eso es para la llamada música clásica y la música popular.

Y sigue: "Yo era un tipo exótico, jugaba al fútbol, tocaba en el Colón, en Europa y en las villas miseria. Cuando adquirí un nombre en el mundo, hubo una época en la que junto a mi mujer nos querían vender como la pareja ideal y nos querían invitar a los almuerzos televisivos. Pero como me gustaba el fútbol, querían que hablara de fútbol y no de Brahms o de Bach. Me decían «es parte del perfil que tenemos que hacer de vos, un tipo exótico, un tipo sofisticado». Y los mandé a la puta que los parió. Con mi mujer, a los 25 años, nos quedamos toda una noche tomando mate, porque podíamos ser riquísimos y vivíamos al día, pero nos prometimos nunca vendernos a un empresario", indicó.

Fito Páez es una referencia musical inmediata con el Cuarteto Dos Mundos para Miguel Angel Estrella. Es que con Fito surgió un proyecto en 1996, con fines solidarios, en el que combinaban géneros y estilos. "Lo que hacíamos con Fito es básicamente lo mismo que lo que hacemos con el cuarteto. Combinábamos jazz con Beethoven, más tango y folclore. Y Fito tenía una facilidad para tocar todo y jamás se equivocaba. El conoció a mi hija Paula, le dio una nota para mí, en la que decía "Negro, somos dos", en referencia a su compromiso con Música Esperanza. Y de allí nació una amistad, y tocamos muchos conciertos para la causa, de Madres, de Abuelas.

—¿Le gusta el rock o le parece un género menor?

—No, menor no, yo valoro el rock porque valoro todas las cosas que vienen del alma, lo único que no valoro es la música comercial, esa que se hace sólo para vender, sin alma.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS