Miedo al futuro de nuestros hijos
Pienso en la soledad que nos da a los que pasamos los 70 años y pienso qué será de este país sin ejemplos. Y cuando menciono ejemplos me refiero a los de arriba y en este caso a la presidente de la Nación y me pregunto cómo se puede gobernar estando enojado con la otra mitad y no disimularlo.

Domingo 17 de Julio de 2011

Pienso en la soledad que nos da a los que pasamos los 70 años y pienso qué será de este país sin ejemplos. Y cuando menciono ejemplos me refiero a los de arriba y en este caso a la presidente de la Nación y me pregunto cómo se puede gobernar estando enojado con la otra mitad y no disimularlo. ¿Cómo se puede dirigir si no se cumplen reglas de democracia y respeto como la de saludar cuando gana un adversario? Analizo que mi país es como una familia donde todos sus miembros no piensan ni sienten igual al otro y vemos que esa familia no progresa, no avanza pero sí las mentiras de uno a otro, los engaños que sólo molestan, acrecientan odios, marginan, resienten, dan un mal poder y creo que todos esos sentimientos dañan a la familia, la destruye, y más aún la separa. Comparo esta familia con mi patria y me sorprendo cuando en la ciudad de Buenos Aires al ganar Macri la presidente no lo saludó, y menos felicitó. Siento que de esta forma no se avanza. Si no nos unimos no avanzamos; si en vez de mostrar que voy a cambiar para mejorar y criticamos a nuestros adversarios eso no nos sirve, nos aleja de la realidad y no dejamos un buen ejemplo. Olviden el odio, amen la tierra que dejaron nuestros inmigrantes con tanto sacrificio, respeten los vínculos, los valores. No mientan, no polemicen, reúnan y compartan ideas y proyectos, y antes que nada respétense, que es la base para dejar un buen ejemplo de vida a hijos y nietos. Tengo mucha tristeza, los chicos de hoy no están viendo y menos escuchando ejemplos para copiar, modos de vida para imitar. Hagan un cambio que todavía se puede. Sólo hay que manejarse con el corazón y recordar actitudes y el trabajo de nuestros próceres y abuelos.
Martha Chimento