Martes 08 de Enero de 2013
Construir una casa significa hacer los cimientos, ir colocando uno a uno los ladrillos y así seguir avanzando hasta terminar. Todo tiene un principio. Mi casa no son los cimientos, pero allí se inicia. ¿Por qué entonces tanta confusión respecto a lo más maravilloso como es la iniciación de un ser humano? Comienza allí en la unión del óvulo con el espermatozoide. ¿Debo esperar doce semanas para decir: no puedo o no debo abortar? ¿Y antes qué? Siempre fue vida que se fue modificando con el paso del tiempo, como lo fue mi casa desde los cimientos. La vida no es matemática. La vida es vida desde la concepción. Nadie lo puede negar. No es la vista, ni el tacto, ni el oído lo que da certeza, es el hijo que va creciendo sin contar semanas.
Angélica Giovagnoli de Coulter / LC. 3.305.934