Jueves 08 de Diciembre de 2011
Mi amigo Tito estaba durmiendo la siesta, un domingo por la tarde, cuando una avioneta le aterriza en su cama. Podría tratarse de un sueño surrealista pero en los sueños no es necesario que se destruya el techo ni se agrieten las paredes al punto del colapso. Tito acababa de reconstruir en esa casa de Pueblo Esther su espacio familiar y personal. Con limpieza, pintura, rejas en las ventanas, muebles reciclados, armó también el espacio de encuentro con sus hijos y buscó la armonía. Llevó la escultura del sembrador, la que encontró en una zanja en Roldán y que fue su terapia de sanación durante el tiempo en que esperaba tener su casa propia y se dedicaba a restaurarla. En Pueblo Esther te recibía el sembrador y uno sentía que Tito estaba sembrando las semillas de su nueva vida. Pero en Pueblo Esther funciona un aeroclub que no se ocupa de que los aviones que se guardan en sus hangares vuelen con el seguro necesario, y hay también una Intendencia que no se ocupa de que este aeroclub funcione responsablemente cuando sus aviones vuelan sobre las cabezas de todos los vecinos. Entonces no hay quien pueda ayudar a Tito a reconstruir su casa. Y lo peor es que los pilotos del avión que tampoco se hacen cargo se ocupan especialmente de preservar su patrimonio personal teniendo nada a su nombre por ser médicos al resguardo de juicios por mala praxis. Ellos, que deberían estar agradecidos a la vida que les puso debajo un colchón para amortiguar el accidente. Y todo el gasoil desparramado sobre el cuarto, su flauta traversa, el saxo tenor y sus partituras, porque Tito es músico y vive de la música. Y todo el aparato legal dedicado a defender lo indefendible. Pero la justicia humana tiene esas argucias porque la humanidad ha tejido una red que es su propia cárcel, basada en la deificación de una gran ilusión. Y al dios dinero le ofrenda sacrificios humanos y recursos naturales, pero como toda ilusión es insaciable. Dicen que en la próxima alineación planetaria se correrá el eje del mundo y quizás sea, digo, lo natural. Porque la ley del universo es el equilibrio y en este planeta lo hemos perdido y puede que la humanidad tenga la oportunidad de volver a su eje que no es una ilusión sino la realidad de que todos somos parte de lo mismo.
María Eugenia Prece, DNI. 17.130.159