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Metallica, un clásico cada vez más potente

El grupo dio un show demoledor ante 60 mil personas en el Estadio Unico de La Plata. La lista de temas fue "a pedido" de los fans.

Lunes 31 de Marzo de 2014

En el primero de sus dos conciertos programados en el Estadio Unico de La Plata, Metallica dio el sábado una exhibición de su inmenso poderío ante un estadio repleto: 60 mil almas asistieron a un repaso a pedido de los fans de la carrera de estos héroes del rock más duro. Sin pudores y sin temores, Metallica tiene el cetro de la banda más poderosa del rock a nivel mundial y puede disputárselo a cualquiera, llámese AC/DC o Rolling Stones, y el sábado La Plata fue el lugar elegido con la excusa de una gira en la que los fans podían elegir el repertorio de los conciertos.

Fue una noche a pedir del heavy más recalcitrante, ese que desde su conservadurismo acusa a los Metallica de "haberse vendido" por las canciones compuestas desde el "Album negro" hasta la actualidad, que convirtieron al grupo en uno de los más grandes de la Tierra. El combo compuesto por el vocalista y guitarrista James Hetfield, el baterista Lars Ulrich, el guitarrista Kirk Hammet y el bajista Robert Trujillo tocó y revisitó canciones fundacionales del trash metal y de la movida heavy estadounidense surgida en San Francisco a mediados de los 80.

Las huestes metaleras habían poblado el Unico y esperaban ansiosas el show, y la banda no quiso dejar gente insatisfecha y abrió el concierto a ultravelocidad con el trashero "Battery", en un escenario sencillo y discreto. El hincapié especial estuvo puesto en la filmación del recital, ya que se pudo ver y disfrutar el concierto en tres pantallas gigantes, con todo un equipo de camarógrafos filmando a los músicos en HD, dando al concierto el formato de un DVD lujoso.

Sin paz, Metallica demostró por qué es una aplanadora salvaje con el clásico "Master Of Puppets", que atravesó por diversos climas, en los que se lucieron todos sus integrantes.

Revitalizados. Es innegable que el virtuoso bajista Robert Trujillo revitalizó a la banda y la sacó de la profunda crisis en la que había quedado tras la salida de Jason Newsted. El descendiente de mexicanos es uno de los mejores bajistas del rock mundial, parece tener 20 dedos, y es capaz de lucirse en esta banda de metal tanto como si tocara las cuatro cuerdas en clave funky en el grupo de Prince o en uno de jazz-rock. La banda recuperó vitalidad y tuvo que expandirse sonoramente hablando para incluir a un talentoso como Trujillo.

Hetfield demostró por su parte que es un frontman notable, capaz de desempeñar diversos roles durante un concierto, convertirse en un vikingo enloquecido dirigiendo una invasión o actuar como el general de un ejercito teutón que en su Blitzkrieg arrasa con todo a su paso. Hammet es un guitarrista talentosísimo y Ulrich dejó su espantoso papel de empresario codicioso y ha vuelto a tocar la batería como hacía mucho tiempo no lo lograba.

"Welcome Home (Sanitarium)" tuvo un comienzo suave, con Hammet luciéndose con acordes casi desgarradores, hasta que toda la banda se metió y la máquina de tren arrancó enloquecida, mientras el público coreaba la melodía. Es en canciones como esta y en la trashera "Ride The Lightning" en las que Hetfield demostró su capacidad como frontman al convertir a sus fans en un ejército que al grito de "ey, ey, ey" marcha guiado por ese general alto, rubio y ultratatuado.

La calma, las sutilezas, la angustia demoledora llegan de la mano de "The Unforgiven", donde Hetfield usa una acústica y Hammet va metiendo a la gente en intrincados pasajes instrumentales, a diferentes velocidades.

Con dos pequeños grupos de fans disfrutando el show a los lados del escenario, Hetfield invitó a un cordobés a tomar el micrófono y a pedirle que eligiera una canción: la demoledora "Sad But True", del "Album negro", un verdadero himno del metal moderno. En canciones como esta, Ulrich reafirmó sus pergaminos de baterista de poderoso golpe, apoyando a Trujillo, que ha engordado el sonido de la banda, para que las dos guitarras vuelen y dibujen arabescos infernales.

Sin prejuicios. La decisión de Metallica de liberarse de los prejuicios de la ortodoxa tribu metalera aparece en hermosas canciones como "Fade To Black", donde la banda arranca casi acústica y luego se mete en sinuosos caminos y lleva a sus fans a que atraviesen diferentes humores. "And Justice For All" tuvo una larga y celebrada versión, donde otra vez la banda exhibió su poderío al transformar el Unico en un infierno eléctrico, en un océano de lava que corre vertiginoso por las venas de un inmortal.

Hammet tuvo su espacio para dejarse mimar por la gente y, tras unos jugueteos, arrancó con la larga y clásica "One", que dejó encendida a la gente para recibir poderosos golpes de nocaut a puro trash con "For Whom The Bell Tolls" y "Creeping Death", pedida por un fan que compartió algunos minutos en el escenario con la banda.

Seguramente algún sismógrafo habrá registrado un temblor en la zona de La Plata cuando el ejército metalero que copó el Unico marchó y pogueó de manera desenfrenada durante las canciones "Nothing Else Matters" y "Enter Sandman".

Con un estadio aullando y extasiado, los Metallica se retiraron unos minutos para volver en los bises con el cover del clásico irlandés "Whisky In The Jar", en la versión de Thin Lizzy, celebrada por el público que necesita un poco de rocanrol fiestero y cervezal. Tras el paso del hermoso instrumental "Orion", la banda tocó la intro de "The Frayed Ends Of Sanity" y se metió a toda velocidad y locura en "Seek And Destroy", donde los cuatro entregaron el resto de energía que les quedaba durante casi ocho minutos. Está claro que no se trató de un mero concierto. Fue una celebración y una cabalgata alucinógena de casi dos horas y media en la que Metallica demostró por qué es una de las bandas más influyentes de la historia del rock.

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