Opinión

Messi, el grito sagrado en la selección, ahora en Barcelona

Lionel Messi apareció en toda su dimensión para meter a Barcelona en 4º. Fue la gran figura de un equipo dependiente de él como nunca, como pasa en la selección

Domingo 09 de Agosto de 2020

A no engañarse. Este Barcelona no es ni por asomo aquel de Pep Guardiola o inclusive más acá que arrasaba con todo, que contaba con muchos jugadores que se hacían cargo si Lionel Messi no aparecía o se tomaba respiros. Este conjunto catalán, que empezó a resquebrajarse por el cambio generacional y de figuritas, ya no es un cuco. Es más, implosionó como jamás se hubiera pensado con inocultables broncas de los jugadores capitaneados por el rosarino hacia la conducción, tanto del equipo como del club. Por eso perdió la liga Española ante un Real Madrid que tampoco volvió a brillar sin Cristiano Ronaldo, y se quedó en 4º de final de la Copa del Rey. Al nivel en que siempre se movió, quizás este sea uno de los peores momentos del equipo catalán con Leo en sus filas. Por eso era necesario aparecer, dar señales de rebeldía. Y tenía que ser el propio 10, el que en su club parece cumplir cada vez más un rol como el que tiene en la selección, el que llevara la bandera. Así eliminó a Napoli con él de figura, descargando tensiones en su grito de gol que fue una clara muestra del momento: con talento, sí, pero con enorme sacrificio y bronca.

Fue el mismo Messi el que advirtió antes del final de la Liga que así como estaban iban a fracasar en la Champions. Hace rato que Leo tomó la posta, hizo notar su disconformismo, no guardó las formas y la decisión de aún no renovar el contrato hasta tejió hipótesis que alimentaron el sueño de leproso de repatriarlo. Pero así como se fastidió, no dejó de aportar su sabiduría dentro de la cancha y su rebeldía. El gol que hizo, el segundo que aplastó las buenas intenciones de Napoli fue una perfecta síntesis: gambeta tras recibir como extremo derecho, y determinación para llevársela ante algunos rebotes y hasta para definir de zurda casi en el piso.

Barcelona ya se había adelantado con un gol de cabeza del francés Clément Lenglet, que debió ser anulado por un claro empujón previo, pero no dejaba de ser asediado por Napoli que seguía necesitando un gol para estar en carrera, por el 1-1 de la ida. Por eso la genialidad de Messi los aplastó. Enseguida Leo convirtió otro tras pararla con el pecho, pero el juez lo anuló por una supuesta mano imperceptible. Y antes del final del primer tiempo, corrió una pelota que parecía ya inútil para interponer su botín izquierdo al intento de despeje de Koulibaly, que terminó levantándolo por el aire dentro del área. Penal y gol de Luis Suárez.

"Ojo que van a salir fuertes ellos, no seamos pelotudos" El descuento, también de penal, de Insigne antes del descanso puso incertidumbre porque el Barsa no es el mismo. Por eso cuando el equipo volvía a la cancha, Messi arengó a sus compañeros a no relajarse: “Ojo que van a salir fuertes ellos, no seamos pelotudos”.

La docilidad de otros tiempos se transformó en un Messi que pelea dentro de la cancha y que hasta le niega el saludo al juez turco por anularle su segundo gol. Es que sabe que Barcelona depende más que nunca de su impronta, como pasa en la selección argentina. Lo sabe y se hace cargo, como cuando se calza la albiceleste.

Eliminado Real Madrid, el eterno rival de Barcelona, pero también la Juve de su eterno rival Ronaldo, Messi plantó bandera con un mensaje claro en su cuenta de Instagram de cara al choque del viernes ante Bayern Munich, el principal candidato: “Nos vemos en Lisboa”, junto a la imagen de su grito de gol. El mismo grito sagrado que se asocia a la selección, ahora también empuja a Barcelona.

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