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Mensajes escritos con dolor en un armario

Jueves 28 de Abril de 2016

El inmueble termina en lo que antes era el bar. Está compuesto por una barra (que fue preservada), una escalera que da a un entrepiso (que funcionaba como vestuario y habitación), al cual se entra por una puerta en donde una persona no pasa parada. De este cuarto bajaban las chicas para hacer un show en un pequeño escenario que fue removido. La militante del Partido Socialista Auténtico, Mirta Sellarés, cuenta que "las cosas que se consumían venían de otro lugar, porque el responsable del prostíbulo era dueño, además, de tres rotiserías". Además, confiesa no saber cuánto tiempo estuvo funcionando esa casa de citas. "Tengo datos desde que se cierra. Sé que encontraron a una menor de edad que estaba prostituída acá y que, a raíz de que habló en cámara Gesell, se pudieron conocer las condiciones en las que trabajaban las mujeres y que tenían sexo en cualquier lugar, según lo que quisiera el cliente". El momento más desgarrador llega cuando, ya en la cocina, se observa un armario con casilleros. "Esto era el único lugar que las chicas tenían como propio, y nosotros lo guardamos así como está. Todas las inscripciones que hay, son de ellas. Dejamos dos puertas abiertas, que son las que tenían inscripciones por dentro", narra. En el margen de uno de los casilleros todavía hay un lápiz, y arriba se lee "Bautista te amo. Yo, mamá", adornado con una flor dibujada. El otro de los cubículos posee una frase más larga y más directa: "Anto, no queda otra. Portate bien y aprendé los códigos. Entonces todo marchará muy bien". Sellarés recuerda que antes había "un anafe oxidado, además de dos cuchetas empotradas en la pared que eran de menos de una plaza de ancho". Así, en esas condiciones, dormían y vivían las chicas.

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