Martes 14 de Mayo de 2013
En una de esas revistas que uno hojea rápida y nerviosamente en la antesala del dentista, leí que la vida es la historia de la infidelidad matrimonial. Creo que el autor exagera un poco o mejor dicho, bastante; porque decir eso es como afirmar que la vida es la historia de la criminalidad, de la envidia o de la maldad. Claro que, como es sabido, los malos suelen tener mayor repercusión que los buenos y un crimen, más resonancia que la fundación de un orfanato. Es probable que en una familia grande se hable más de un caso de infidelidad, que del resto de los matrimonios bien avenidos en la misma familia. Si bien el adulterio causa dolores de cabeza desde los tiempos más remotos, eso no significa que haya superado al estado general de fidelidad, como para asegurar que la vida se sustenta en la historia de los infieles amorosos. A lo sumo, sería la historia de una cantidad de casos mayor que la deseada. La infidelidad ha sido, es y será causa de amarguras, desengaños y lo que es más grave, de venganzas a veces extremas. En la literatura ha inspirado incontables poesías y novelas; y ni hablar de las canciones cuyo eje argumental gira sobre el hecho de que él o ella, a partir de un instante crucial en sus vidas, encuentran un amor prohibido y por eso deben amarse a escondidas (como en la canción que canta Camilo Sesto). Qué hubiera sido en las décadas del 30 y del 40 de los letristas de tangos y boleros sin la temática de la infidelidad. Qué sería de los libretistas de televisión y los guionistas de cine si no existiesen personas que practican las relaciones extramatrimoniales. ¡Cuidado!, no estoy defendiendo la existencia de ese viejo pecado como fuente de inspiración; simplemente digo que está en el mundo y ha sido utilizado por todo el espectro literario, incluyendo a los creadores de cuentos y chistes. En fin, la infidelidad es como la depresión; a veces aparece sin que haya un motivo valedero que la justifique. Aunque en realidad, ser infiel nunca tiene justificación porque antes de serlo, está el recurso de la verdad, que aunque pueda resultar dolorosa, siempre lo será menos que una traición.
Edgardo Urraco