Miércoles 25 de Agosto de 2010
Nuevamente nos enteramos por los medios de comunicación de un nuevo caso de meningitis, que se sospecha puede ser meningocóccica. Han pasado muchos años desde aquella lucha por conseguir que la única vacuna, de origen cubano, ingresara al país. Sería interesante revisar las crónicas de la época, donde los funcionarios justificaban su oposición a la vacuna antimeningocóccica diciendo que los casos “eran los esperados para esa época del año”. Decíamos que existiendo una vacuna, los casos no podían contabilizarse como números. Que detrás había chicos y adultos que morían o que quedaban con graves secuelas. Que existiendo una vacuna había que usarla. Decirle a la familia de un niño fallecido por este tipo de meningitis, que “entraba dentro de los casos esperados”, aparecía hasta perverso. Y debo hablar en primera persona, porque la pelea por esta vacuna me llevó dos años de intenso trabajo. Trabajo cargado de angustia, porque en el medio había personas de todas las edades que morían. No puedo olvidar a Diego, creo que el primer caso en nuestra ciudad en ese año, fallecido, y a su mamá, que con gran fortaleza se sumó al reclamo para que la vacuna cubana ingrese. Sosteníamos que el problema era el origen de la vacuna. En pleno menemismo, con relaciones carnales con Estados Unidos, las razones eran más políticas que científicas. Sufrí presiones de todo tipo que no voy a describir y que hasta pusieron mi vida en peligro. “Pará con la vacuna” fueron algunos de los mensajes recibidos. En el tramo final de esta lucha, y a partir de una reunión convocada por la Vecinal Ludueña Norte y Moreno, surgió una comisión de padres que, movilizados, fueron parte fundamental para lograr el objetivo: que se autorice su ingreso a la Argentina. Todos se oponían, es más, se oponían hasta quienes pretendieron atribuirse “haber traído la vacuna”. Y se pudo comprar al precio del Laboratorio Finlay de La Habana en virtud de un convenio de salud entre Rosario y la República de Cuba, originado también en un proyecto de mi autoría. En Rosario se vacunaron en forma gratuita 235.000 niños, y se cortó el brote. En Cuba hace años que no se registran casos de meningitis. Luego de dieciséis años la vacuna sigue sin incorporarse al esquema gratuito de vacunación. Es decir, se vacuna el que puede pagarla. Y recuerdo que el año pasado también escuché a funcionarios del área de Salud decir que los casos eran los esperados. El convenio de salud con Cuba duerme en algún cajón. No sólo contemplaba vacunas. La meningitis meningocócica vuelve a aparecer. Se cierra un jardín por un caso sospechoso cuando los funcionarios saben que esa medida es sólo para tranquilizar a los padres. Desinfectan los locales escolares como si el meningococo viviera en las paredes. Mientras la prevención no exista, mientras la salud siga siendo un gasto, mientras no se entienda que es más barato prevenir que curar, mientras no se entienda que una sola vida vale mucho más que lo que se deba invertir para no perderla, creo que estamos muy mal. Apelo desde esta humilde carta de lectores a que se piense en esta vacuna para todos, que no nos obliguen a salir nuevamente a la calle para pelear porque todos seamos iguales ante la enfermedad. Que todos los chicos estén vacunados, que la vacuna sea gratuita.
Silvia Fernández León (ex concejal Partido Socialista Democrático) silviafleon@hotmail.com