Viernes 24 de Octubre de 2014
Hace treinta años, en los albores del proceso de la transición democrática argentina, la Comisión sobre Desaparición de Personas (Conadep) creada por el presidente Raúl Alfonsín, entregaba el Informe Final, denominado Nunca Más.
Pasados los años, se revaloriza cada vez más la labor de la Conadep, por lo menos en tres aspectos:
1) Fue fundamental para que la sociedad tomara conciencia de lo ocurrido en torno a masivas violaciones a los derechos humanos;
2) Sirvió como prueba fundamental para la sentencia en la denominada "Causa 13", en la que se juzgó y condenó a los jefes de las juntas militares.
3) Se constituyó en el antecedente inmediato de lo que luego, en materia de justicia transicional, se conocería como el modelo de las Comisiones de la Verdad. Ese modelo inaugurado con la Conadep argentina se replicó en diversas comisiones de verdad a lo largo de América Latina: Brasil (1985), Uruguay (1989), Chile (1991), El Salvador (1993), Guatemala (1996), Colombia (2000) y Perú (2003).
Alfonsín propuso integrar la Conadep con figuras de prestigio nacional e internacional que provenían de distintas actividades y profesiones, respetando las diferentes procedencias y trayectorias políticas e ideológicas. A su vez, en las principales provincias y con el mismo criterio, se conformaron delegaciones de la comisión nacional.
En Santa Fe se constituyó una comisión que también se caracterizó por su amplitud y pluralismo. Vale recordar sus nombres. Presidió la Conadep en la provincia mi padre, Manuel F. Blando, y divididos en norte y sur, lo acompañaron por Rosario: Fidel Toniolli (secretario de prensa), Ricardo Pegoraro (secretario de actas), José Emilio Madariaga (secretario de finanzas), Israel Esterkin, Alberto Gabetta, Wence Julio Steger, Delia Rodríguez Araya, María (Mary) Dal Dosso, Carlos de la Torre y el pastor Hugo Urcola, actuando como asesores jurídicos José María Masuelli y Olga Cabrera Hansen. Desde Santa Fe participaron, Juan Carlos Adrover, que fue designado vicepresidente de la comisión; Oscar Suffriti, Andrés H. Villoria, Mario Pilo, Rogelio Alaniz y, como secretaria jurídica, Miriam Ramón.
La labor de la comisión santafesina fue ardua e importante. Tal vez, la relevancia de su trabajo, lo demostraría uno de los hechos institucionales más graves ocurridos en Santa Fe desde la recuperación democrática: en la madrugada del lunes 8 de octubre de 1984, con el inocultable intento de sepultar la fuerza probatoria de lo colectado, con zona liberada y múltiples complicidades, se robaron del interior de los propios Tribunales provinciales de Rosario 150 expedientes e innumerable documentación recogida fundamentalmente por la Conadep. Lamentablemente, nada fue recuperado, poco fue investigado y nadie recibió condena alguna por tan grave acto de vandalismo institucional.
Quienes integraron la Conadep Santa Fe fueron ejemplo de desinteresada participación: actuaron absolutamente ad honorem y lo hicieron con dignidad. Fueron respetados por la encomiable labor realizada. Precisamente durante el gobierno de Hermes Binner, en diciembre de 2008, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno en Rosario, fueron recordados en un acto emocionante en el que pudimos hacerles un reconocimiento, y donde participaron los miembros de la Conadep que pudieron estar presentes y los familiares de los que ya habían fallecido.
Fue merecido ese reconocimiento: los hombres y mujeres que integraron la Conadep Santa Fe honraron la política santafesina y actuaron con valentía en circunstancias en que la democracia aún no estaba consolidada y recibía fuertes resistencias, amenazas y levantamientos.
Los miembros de esa Conadep fueron militantes de una época distinta a la actual, no exenta de profundos debates. Sin embargo, fue un momento histórico que estuvo signado por luchas de convicciones. Reitero: luchas por convicciones.
Época de grandes pasiones y disidencias, pero de profundo y hasta entrañable respeto por el otro, por el adversario político. Muchos jóvenes de entonces aprendieron -y aprendimos- de esos dirigentes santafesinos: de sus trayectorias, de sus luchas y de su fe democrática. Aprendimos también de aquellos abogados que para intervenir sólo se preguntaban qué libertad había sido avasallada y no qué filiación política tenía la víctima.
Aprendimos la inmensa profundidad jurídica de Israel, aquel moderno quijote de cabellera blanca; la lucha inquebrantable fraguada en el dolor militante de Fidel; el socialismo humanista y romántico de Alberto; la valentía constructiva y luchadora de Mary; la digna y rigurosa presencia de Delia; la rectitud y las profundas convicciones de Manuel.
De todos aprendimos algo. Tal vez no lo que se nos "enseña" en la escuela o en la universidad, pero sí lo que ayuda a ser mejores personas: la lucha sin otro interés que el compromiso político con lo social y democrático, con la cosa común y pública, con el semejante, con la víctima, con el más débil.
Vaya hoy para los integrantes de la Conadep Santa Fe un sentido homenaje despojado de nostalgia, pero de imprescindible recuerdo para asentar nuestro presente democrático y como legado para las jóvenes generaciones.
(*) Doctor en Derecho, docente universitario