Martes 04 de Noviembre de 2008
Suelo ir con mi familia los domingos a desayunar a diversos bares de la ciudad, aprovechando el día desde temprano. Buscamos disfrutar de la postal que a esa hora ofrece la ciudad, con calles más tranquilas, sol cálido y una inmejorable vista al río o a los parques, dependiendo del lugar. Pero todo se vuelve menos placentero cuando se puede apreciar la mala atención y el desgano de los mozos. Parecen fastidiados por la presencia de gente en las mesas, y ni hablar si uno espera para que abran el bar. La mala atención se ve al traer los desayunos hasta en tres partes o equivocados. Si se les dice algo, el fastidio es peor. Entiendo y respeto que trabajar un día domingo puede no ser agradable, pero es una pena que los bares más populares de la ciudad pierdan su esplendor por la mala atención.
Jorgelina Colella, DNI 31.540.872