Medidas antivandálicas
La información sobre la monstruosa cantidad de dinero que gasta el municipio en reparar lo que los vándalos destruyen y la existencia de un proyecto de construcción de sanitarios "antivándalos"...

Sábado 19 de Mayo de 2012

La información sobre la monstruosa cantidad de dinero que gasta el municipio en reparar lo que los vándalos destruyen y la existencia de un proyecto de construcción de sanitarios "antivándalos" me condujeron a pensar que continuamos resignados a convivir con la delincuencia como si fuera un designio de malignos dioses ensañados con nosotros, que anhelamos la paz y el trabajo como pilares de nuestra sociedad. Sabemos que ello es una fantasía ajena a la realidad. ¿Y cuál es la realidad? Esa que prolifera día a día y llamamos desocupación, falta de educación, futuros laborales inciertos, cultura de la vagancia, delincuentes en libertad, corrupción hasta lo increíble, escasez de viviendas, aumento de las adicciones. Intentando la utopía de pensar como un delincuente, estimo que si se construyen "sanitarios antivándálos irrompibles" encontrarán otros objetos para destrozar que forman parte de nuestra ciudad y que tanto nos enorgullecen. Porque partimos de una actitud equivocada, como si, desesperados, le estuviéramos dando una aspirina a un familiar que padece fuertes y graves dolores de cabeza, pero que luego de unas horas de calma se presentan una y otra vez. Al no ser atacado de raíz, el mal jamás podrá ser erradicado. Y no es por falta de dinero, ya que tanto se paga en todo sentido por las cotidianas actitudes delictivas en crecimiento. Rejas, incremento de alarmas, cámaras de seguridad, aumento del personal policial, forman parte del límite que apabullados intentamos poner a la barbarie, pero no alcanza. Cada vez se vive peor. Los delincuentes destruyen y nosotros reparamos y exigimos justicia con dolor. Quizás haya llegado la hora de que los gobernantes se luzcan y se animen junto al pueblo a diagnosticar los verdaderos motivos de esta triste transformación social, y con astucia, inteligencia y sobre todo enorme compromiso, intentar el cambio real que todos necesitamos y que quizás no alcancemos a disfrutar porque llevará mucho tiempo desandar el terrible camino que se permitió recorrer. Lo que planteo no es nada sencillo. La evolución de los pueblos nunca lo fue. Solo siento el deseo de decir ¡basta!, y que comience el trabajo direccionado a crear un futuro mejor, que pueda alentarnos a soportar este presente por saber que se están creando las condiciones para que las generaciones venideras puedan transitar el magnífico carril del respeto, el trabajo, la dignidad y la paz entre los hombres.

Edith Michelottti